Distraída en rencillas internas con un sector del Ejército por cuestiones del pasado, Nilda Garré está en mora con el envío al Congreso del proyecto de ley que autoriza la salida de un nuevo contingente de Cascos Azules a Haití. El Estado Mayor Conjunto tiene alistados a los 537 hombres del Ejército, la Armada y la Fuerza Aérea que irán al mando del capitán de navío Juan Casal. El gobierno se había comprometido a continuar con la presencia de militares de las tres fuerzas para acompañar el proceso de institucionalización de Haití tras elección presidencial -varias veces pospuesta- que culminó con el triunfo de René Préval. La decisión se tomó luego de que Naciones Unidas anunció la prórroga del mandato de la Misión de Estabilización de Haití (Minustah) en vísperas de la elección presidencial. Más aún, el canciller Jorge Taiana había acordado con Préval, el desarrollo de un programa de apoyo institucional al Parlamento haitiano. Pero el retraso en el trámite legislativo originado por la morosidad del Poder Ejecutivo ha puesto al contingente actualmente desplegado en Gonaives en una situación incómoda, se diría fuera de la ley. Es que el período de autorización para su estacionamiento en el exterior ha vencido (el 1 de junio pasado) y se requiere de una nueva norma para que la misión argentina en la isla sea legal. El Congreso había autorizado por la Ley Nº 25.906, el viaje fuera de las fronteras del país por un período inicial de 6 meses, renovable por tres períodos más que ya vencieron. Esa duración semestral se hizo para ahorrarle gastos al Estado ya que de extenderse el período cambian las condiciones de destino de los uniformados y les correspondería una liquidación mayor de sueldo y viáticos.
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El brigadier general Jorge Chevalier, titular del Estado Mayor Conjunto, responsable operativo de la misión tiene otro problema en el horizonte: coordinar con las Naciones Unidas el traslado de las tropas criollas ya que la Fuerza Aérea Argentina se quedó sin los Boeing 707 que se utilizaban para el despliegue. Esos aparatos constituían el transporte estratégico de la Fuerza Aérea y bajo contrato con Naciones Unidas eran los encargados de llevar en tres vuelos -sin escala- la totalidad del contingente criollo. Pero problemas en los planes de mantenimiento del parque aéreo degradaron los dos aparatos en vuelo que tenía el arma hasta su inutilización para operar. Así los aviadores militares perdieron la oportunidad de ingresar a las cuentas de la fuerza, 140 mil dólares por vuelo que es la cotización estimada del contrato de Naciones Unidas. El esquema militar previsto por Chevalier para la renovación del contingente no incluye civiles como se había dicho en despachos de la Casa Rosada. Esta innovación que se conversó en el gabinete de la ministra respondía al cambio político del país caribeño que ya tiene un presidente en ejercicio y sus instituciones en vigor. Se buscaba dotar al contingente de un perfil más «humanitario» con profesionales (médicos, ingenieros, asistentes sociales, etc.) familiarizados con situaciones de pobreza extrema. Sin embargo información de inteligencia de la misión en Haití y de medios de prensa de la isla coinciden en señalar que hubo un agravamiento de la violencia urbana por enfrentamientos de bandas en barrios marginales y los políticos locales reclaman mayor severidad a los Cascos Azules para restaurar el orden. La iniciativa de Defensa para incorporar civiles choca contra el rigor de la Resolución Nº 1.524 (2004) de las Naciones Unidas sobre la creación de la Misión de Estabilización de Haití que estipula que el esquema tendrá 1.622 civiles (policías) y 6.700 militares.
Además las Naciones Unidas exigen que cualquier cambio que se proponga hacer en un contingente debe ser anunciado con por lo menos 6 meses de anticipación. La única ventana para modificar el contingente sería aumentar la presencia de personal de fuerzas de seguridad (Gendarmería) en detrimento de los militares. Si como interpreta el propio presidente haitiano: «La escalda de violencia es de tipo delincuencial», habría cabida para un mayor número de gendarmes que ya tuvieron experiencia como instructores de la Policía Nacional de Haití.
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