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El grupo había llegado para escuchar el lamento de los gobernadores peronistas por la falta de fondos y negociar el auxilio -que lograron- para el pago de los sueldos del mes que viene. Salieron más impresionados que como entraron al escuchar el depresivo diagnóstico del ministro de Economía.
«El gobierno está bloqueado del resto del mundo. Hablé ya con los ministros de Economía de todos los países del G-7 y no hay que esperar nada de ellos.»
Blancos, miraban los mandatarios peronistas (ausentes sólo el riojano Angel Maza y el misionero Carlos Rovira), los ministros Rodolfo Gabrielli, José Ignacio de Mendiguren; también Oscar Lamberto y una línea de secretarios de variada intimidad con el Presidente. «Lo único con que contamos es con $ 4.000 millones del BID que promete Enrique Iglesias (algunas caras sonríen)... pero con la condición de que haya antes un arreglo con el FMI (caras serias de nuevo).»
La mesa de los gobernadores venía dividida desde la reunión previa en el Consejo Federal de Inversiones en dos sectores: uno, mayoritario, encarnado en las provincias del llamado «frente federal» que integran los distritos menos poblados. Este sector defendió como única demanda la necesidad de pagar los sueldos y contar con fondos para auxiliar a los más pobres.
El otro grupo nuclea, naturalmente, a las provincias grandes (Buenos Aires, Córdoba, Santa Fe) y agregó un lema cuyo vocero fue José Manuel de la Sota:
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