Admitió haber «metido la pata» al interpretar que la crisis delictiva era un «punch mediático». Con datos oficiales en circulación -no dados por organismos oficiales- que reflejan que hay más delitos, a Aníbal Fernández no le quedó otra que reconocer lo obvio: la calle está más peligrosa.
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En medio de ese ruido reapareció el rumor que advierte sobre la posible salida del dirigente bonaerense del Ministerio del Interior, hipótesis que de tan repetida, cuando finalmente ocurra -algún día dejará de ser ministro- no va, ni siquiera, a merecer atención.
«Ya van a ver en los próximos días que no es así», dijo Fernández sobre la versión de que podría ser desplazado de su cargo como consecuencia del estallido de inseguridad. En casos anteriores tuvo razón: cada vez que se lo mencionó echado, quedó en pie.
Como nunca antes, la inseguridad se concentra en la Capital Federal y, en consecuencia, detona en la Casa Rosada. Hasta ahora, los rebrotes tenían como escenario la provincia de Buenos Aires y a Kirchner no le costaba nada transferir toda la responsabilidad.
Es, entonces, un momento delicado para el gobierno, sobre todo cuando se aproxima la movilización de Juan Carlos Blumberg, que, contrariamente a lo que pretendían en la Casa Rosada, será a Plaza de Mayo y no a los Tribunales porteños. La marcha de agosto puede ser determinante.
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