8 de agosto 2005 - 00:00

Desocupados no apoyan

El cardenal Jorge Bergoglio dio la misa y pronunció el sermón en el Día de San Cayetano que convocó nuevamente a multitudes. «Hay que dejar justificaciones como echarle siempre la culpa al gobierno anterior», dijo Bergoglio. Los desocupados siguen siendo más de dos millones y medio y es el voto más adverso a Cristina Kirchner. Sin inversiones privadas no aumenta el empleo y si vinieran en cantidad -difícil- traerían tecnología de punta que ahorra mano de obra. Hay que educar al desocupado en nuevas necesidades de trabajo.

Desocupados no apoyan
En una reedición de las amonestaciones que periódicamente el arzobispo de Buenos Aires y primado de la Argentina, cardenal Jorge Mario Bergoglio, le endosa al gobierno de Néstor Kirchner, le dijo ayer que los «discursos no alcanzan». Generalizó el reto y reclamó con severidad a «los poderosos», que conviertan «el poder» que poseen en «servicio» para la gente. Les aclaró que «el servicio debe hacer notar que es igual el que sirve y el que es atendido. Esto lo tenemos que hacer llegar a la vida del trabajo, a la vida del barrio, a la vida política y social», afirmó Bergoglio en la homilía que pronunció ayer en la misa central que se rezó por la mañana en la Parroquia de San Cayetano, en el barrio porteño de Liniers.

Cáustico y frontal, aunque con cuidado vocabulario, Bergoglio dijo que «si cada vez que tenemos algún poder nos lavamos las manos y les echamos la culpa a gobiernos anteriores, a la situación mundial, a la realidad, a las estructuras o a lo que fuere, vamos a engrosar la fila patética de los que usan el poder para su propio provecho y fama».

•Desprecio

Desde el gobierno pareciera que se desprecia la importancia de la opinión que expresan desde el púlpito muchos sacerdotes católicos. Y se comete el grave error, en un año electoral, de creer que esas críticas y exhortaciones caen en saco roto. No es así y las advertencias al gobierno y a la dirigencia política se vienen repitiendo con significativa periodicidad, aunque el Presidente busque esquivarle el bulto al cardenal, pidiendo la celebración de misas lejos de la Capital Federal.

Ante la habitual multitud que se reúne todos los años en San Cayetano para conmemorar el día del santo patrono del trabajo -en el límite exacto entre la Capital Federal y el Gran Buenos Aires (un padrón de más de 11 millones de ciudadanos inscriptos)-, el cardenal primado remarcó que «los discursos no alcanzan y hacen falta más testimonios». Y se explayó: «Quien usa el poder para someter o enriquecerse, termina haciendo el ridículo», enfatizó en otro pasaje de su homilía ante los fieles que se desbordaron frente al templo a pesar del intenso frío.

Desde temprano, en el altar emplazado sobre la calle Cuzco, los obispos que realizaban misas previas a la central que presidió Bergoglio hacían reclamos «de justicia social» y criticaban a los que le «robaron la dignidad a los argentinos». Como ocurrió con el obispo auxiliar, monseñor Jorge Lozano, que afirmó que «se condena al hambre a multitudes». Y advirtió que «sin equidad el tejido social se hace endeble y se limita la libertad». Lozano acompañará a 800 jóvenes a Alemania, a la Jornada Mundial de la Juventud que presidirá en ese país de Europa central el Papa Benedicto XVI.
La feligresía, que como es habitual se instaló en las inmediaciones de la Iglesia desde hace varios días, desfiló por el santuario situado en el corazón del barrio porteño de Liniers, para pedirle a San Cayetano
«pan y trabajo».

Antes del inicio de la misa central, los fieles se ordenaron en filas que llegaron sobre el mediodía a tener más de 20 cuadras de extensión, no para recibir planes sociales sino para poder ingresar a la parroquia y ofrendar su testimonio al santo que recibe los pedidos y agradecimientos por el trabajo y la comida. Este año, la consigna principal de la concentración de fieles y peregrinación es: «Con Jesús y San Cayetano peregrinamos para recuperar la dignidad y los valores en la comunidad».

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