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18 de enero 2005 - 00:00

Después del veto inevitable, la negociación con Duhalde

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Néstor Kirchner

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Si Solá hubiera aceptado la ley aprobada por las cámaras, sólo le hubiera quedado obedecer a ese parlamento, acelerando la crisis de liderazgo que pretende superar desde hace un mes. Esto queda claro no bien se percibe cuál fue la intención de Duhalde al suprimir algunas facultades que el Legislativo le concede al Ejecutivo desde hace décadas en la provincia: establecer un parlamentarismo «de facto», de tal manera que el gobernador debiera pedirle permiso a él hasta para usar el auto oficial (Duhalde concedería ese permiso a través de los legisladores, claro). El «parlamentarismo» es un sistema en el que el ex presidente cree haber descubierto la solución para su drama: un gobierno de los partidos, a través del Congreso, que permita a los aparatos con poco prestigio controlar el poder mientras el Ejecutivo lo atienden figuras políticamente correctas, mediáticas pero inocuas.

Gerardo Otero, el ministro de Economía, estudió el problema e hizo números, que es su función. Llegó a esta conclusión: si el Presupuesto de 2004 no hubiera tenido los artículos que se suprimieron en el de 2005 (del 16 al 19), el Ejecutivo debería haber enviadoa la Legislatura 2.000 proyectos de ley para autorizar medidas administrativas. A la vez, a un ritmo de 26 sesiones al año (en la gobernación se regodean consignando esta baja productividad), el Congreso provincial debería haber aprobado 80 leyes más por reunión. Un disparate, que justifica técnicamente un veto dirigido al corazón de la política en el peronismo, es decir, a saber quién manda. Solá ahora debe negociar y lo entendió temprano. Por eso ayer, a su lado, decían: «Felipe viaja con el Presidente a Francia y a la vuelta se sienta con los representantes de las cámaras y los bloques». Las razones por la cuales desde la gob e r n a c i ó n debe iniciarse una transacción son, sobre todo, dos: la primera es que sin un acuerdo con la Legislatura, el gobierno de la provincia tiene caja hasta agosto. Llegado a ese mes caería por falta de financiamiento. La segunda: Solá querrá ajustar rápidamente sus relaciones con Duhalde si no quiere enfrentarse a una interna que hasta ahora le resulta perdidosa. El ex presidente tiene pensado hacer una concentración de 20.000 punteros que le responden en la provincia, en la ciudad de La Plata, sede del gobernador, para demostrar que le resulta demasiado fácil vencer en una interna.

Duhalde también vio la conveniencia de sentarse a hablar con el gobernador. Varias razones se lo aconsejaron. Una la aportó Roberto Lavagna cuando habló con él, por teléfono, el viernes pasado: «Estamos en el momento más delicado del canje. Todo debe ser ordenado y sigiloso por lo menos hasta fines de febrero», dijo el ministro de Economía.

Pero el caudillo de Lomas de Zamora teme también otros factores. El de la imagen no es el menor. Duhalde está acomplejado con la idea, tan corriente, de que su principal habilidad consiste en desestabilizar gobiernos. Fernando de la Rúa, Adolfo Rodríguez Saá,

Carlos Menem y hasta Ramón Puerta son testigos de esas artes. Por eso les dio instrucciones a los suyos, antes de partir hacia Venezuela: «Hasta febrero, nada de problemas o c o n f l i c t o s . Veamos cómo mueve las piezas Felipe y si ofrece reunirse, vayan». Algunos de sus fieles, como Osvaldo Mércuri, suspiraron aliviados. Todavía no había comenzado la guerra y ya verificaban fatiga de combate. Hace mucho que estos bonaerenses, los otros « gordos» de la vida pública argentina, no pelean nada en serio.

¿Cuáles son las piezas por cuyos movimientos se interesa Duhalde? Hay una principal: la presidencia del Banco Provincia. Ese cargo está ejercido por uno de los suyos, Jorge Sarghini, un hombre que cuando fue ministro de Economía bonaerense fue expulsado de mala manera por Solá. Si el gobernador, en un arrebato de autoestima, decidiera sacarlo de nuevo del cargo, entonces es posible que hubiera guerra y desestabilización en serio. Mientras tanto, se abren negociacionesy los duhaldistas no moverán la frontera del poder: hasta Juan Amondarain, el presidente del bloque de senadores del PJ, seguirá en su puesto a pesar de que la bancada tenga mayoría de duhaldistas.



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