10 de marzo 2005 - 00:00

Dilema: fecha y nombre para el sucesor de Bendini

¿Quién paga por la continuidad de Roberto Bendini al frente del Ejército? Ni el jugador más osado o compulsivo, en apariencia. La suerte del titular de la fuerza estaría ya jugada por una cuestión judicial, en la cual -por más que provenga y se sitúe en Santa Cruz- Néstor Kirchner jura no querer participar. Consecuencia: si procesan a Bendini, deberá pedir su retiro (pues el mandatario, como comandante, no está dispuesto a sostenerlo en esa condición). De ahí que hoy en Ejército la única comidilla es conocer el nombre del sucesor del actual jefe, ya considerado un plazo fijo para beneficio de un innominado alto oficial.

Ruega el ministro José Pampuro que Kirchner no produzca, como ha sido su estilo, un lampazo brutal en Ejército y, en el caso de que releve generales, éstos no sumen una docena o una veintena, como hizo hace una quincena en la Fuerza Aérea (y en otras operaciones traumáticas anteriores). Claro que a Pampuro, últimamente, casi por deporte, el Presidente no le concede ningún gusto. Más bien, le produce gasto (dicen que de tanto gastarlo quizá lo deje en carne viva).

• Pretensiones

Para las humildes pretensiones del ministro, la posible sucesión debería retroceder más de dos o cinco casilleros, según la consulta que él mismo -y también Kirchner-harán a los archivos del Cels para ver quién puede ser o no jefe, de acuerdo con actuaciones pasados o a comportamientos presentes (como en el caso de Gonzalo Palacio, a quien bajaron en la consideración y la ubicación porque había cursado la Escuela de las Américas, mientras un proceso inverso benefició a Hernán Garay por el solo hecho de haber descolgado el retrato de Luciano Menéndez en los cuarteles de Córdoba). Poco importan otras condiciones profesionales para la conducción -imprescindibles, como se ha descubierto en el caso del fallo de Carlos Rohdeo, inclusive, ni siquiera interesará saber si Eduardo Schiaffino conserva ideas «gentistas» antes de encumbrarlo en la Aeronáutica, algo que tampoco se reparó en su momento con Bendini, hombre que seguramente perteneció a Tacuara ( formación totalitaria que, como corresponde, también aportó elementos de nota para los no menos totalitarios Montoneros). Esos datos, informes o conductas no suelen figurar en el índex del Cels, al que se obliga el mandatario.

Podría suceder, sin embargo -para el interrogatorio de Pampuro frente al espejo preguntándose ¿qué estoy haciendo yo en este lugar?-, que Kirchner opte por designar en lugar de Bendini a uno de los últimos ascendidos, como hizo con la Aeronáutica. O sea, pasar el alfanje sobre la cabeza de unos 20 generales (dos tercios del mando) y detenerse en Gustavo Anshutz, hombre de caballería, que hoy porta la distinción y la gracia de estar a cargo de una brigada en Santa Cruz (como se sabe, el pasaje mágico para cualquier ascenso, como antes era necesario en la vida política de los 90 haber nacido en La Rioja, cantera maravillosa como la sureña para ocupar puestos clave). Lo curioso de Anshutz, si trepase a la cúpula, es que dispone de tal confianza de Bendini que, en su cargo geográfico, fue elegido por el actual jefe para que le custodie también la causa que quizás ahora lo tiene al borde del retiro.

Porque el epílogo de Bendini en Ejército sería consecuencia de una larga experiencia judicial, tan interminable en la Justicia santacruceña como las que atravesaron con la Justicia menemista algunos hombres del menemismo, que data de 2003, cuando comandaba los blindados de la Brigada XI.

• Rumbo

Kirchner sabía de esta causa cuando lo habilitó como jefe, confiaba tal vez que ésta se disiparara, se extendiera al infinito o finalmente librara de culpabilidada Bendini. No parece el curso que ahora tomó la instancia judicial sobre irregularidades presuntas en la administración de fondos extrapresupuestarios del Ejército por parte del titular de la Fuerza (tema que hoy se mantiene vivo en todas las fuerzas y en los ministerios, algo así como los fondos reservados de los años '90, los que algún secretario infiel o arrepentido denunciará cuando cambie el gobierno) y por transferencias de la cuenta de Bendini a la cuenta de la esposa de un coronel de finanzas, ascendido por este gobierno a un cargo de responsabilidad en el manejo de fondos en el Edificio Libertador. Tal vez, Bendini se lave de estas imputaciones, las corrija y, luego de testificar -se espera que en menos de un mes-, no sea procesado. Pero esa eventualidad no es la que se conjetura en su cercanía, menos en Defensa y hasta el Presidente, dicen, parece no contemplarla.

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