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• El primer rasgo saliente del pronunciamiento fue haber sacado el eje argumental del nivel de quita que se alcanzó con esta oferta aceptada por 76,07% de los acreedores. Esa línea es la que más seduce a la izquierda ultra y al populismo. Pero es también la que más refuerza el aislamiento en que el default sometió al país. Kirchner no se dejó tentar por ella y prefirió exhibir otros aspectos de su acuerdo. No se abrazó al marketing más abiertamente populista, en el que sí cayó en algunos discursos proselitistas anteriores, que ve un mérito en pagar lo menos posible, aunque eso signifique que al país no le vuelvan a prestar (los expertos saben que se habrá salido definitivamente del default cuando se emita un nuevo bono y el mercado lo adquiera a una tasa razonable).
• Como pocas veces antes, Kirchner quiso presentarse como jefe de la Nación, en sentido estricto. Para un político como él, con una propensión muy marcada hacia los enfrentamientos de facción, el protocolo de ayer fue inusual. Por ejemplo, convocó a los gobernadores de todas las provincias, con los que jamás se reunió hasta ahora (es lógico para un gobernante que no confía ni en las reuniones de gabinete). Les agradeció y destacó que se refería a los de todos los partidos, no sólo a quienes militan en el PJ.
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