31 de diciembre 2001 - 00:00

DISCURSO DE RENUNCIA DE ADOLFO RODRÍGUEZ SAÁ

DISCURSO DE RENUNCIA DE ADOLFO RODRÍGUEZ SAÁ

Señoras y señores: durante estos siete días que trabajé por la pacificación del pueblo argentino nunca me refería a lo que suele llamarse la herencia recibida.

Simplemente porque intentaba generar optimismo a nuestro pueblo. Todos sabemos que el país se encuentra en la más grande bancarrota de la historia. Para decirlo en términos simples no han dejado nada. Repito, nada. Ni siquiera el derecho a tener esperanzas.

Hoy, a esta misma hora, pensaba anunciar el plan económico para el país que con un grupo importante de economistas, habíamos elaborado donde, entre otras medidas, definiría la apertura del corralito financiero con las siguientes modalidades: uno, asegurar el pago de los ahorros populares; dos, asegurar que este pago se hará en términos de similar poder adquisitivo al depositado; tres, el cronograma de pago se hará de acuerdo con las posibilidades financieras del banco que el depositante eligió; cuarto, se garantizaban los montos de lo depositado con las garantías que los bancos tienen en su cartera de créditos.

Acompañaban a estas medidas la presentación del Presupuesto para el año 2002 que ya está confeccionado no sólo con equilibrio fiscal, sino además con la eliminación de todos los gastos de la corruptela del Estado.

El Presupuesto 2002 se realizó con toda seriedad tomando los menores cálculos para el cálculo de recursos.

Los recursos tributarios se calcularon en 33.652 millones de pesos; los no tributarios en 3.500 y los de capital en 866, lo que daba un total de recursos para el Presupuesto 2002 de 38.019 millones, muy inferior al anterior Presupuesto.

Con estos 38.000 millones de pesos el Estado Nacional puede cubrir el 100 por ciento de las remuneraciones, que son 4.917 millones; el 100 por ciento de las jubilaciones y pensiones, que son 16.114; dejar para bienes y servicios 1.300 millones; cubrir el 100 por ciento de las necesidades del PAMI, que son 2.206 millones; dejar cubrir el 100 por ciento de las necesidades de las universidades que son 1.575 millones; los 4.251 millones que corresponden a las provincias que complementan lo pactado por coparticipación federal; un plan social unificado que contempla 1 millón de empleos durante 1 año, que son 2.400 millones y el resto de los planes sociales 1.200 millones. Se prevé pactar en intereses 3.500 millones y una inversión real en obra pública de 554 millones, lo que da un total de 38.019 millones de pesos, exactamente igual que los recursos.

La Argentina puede y debe tener un Presupuesto equilibrado donde, por supuesto, que los recortes deben ir a la corruptela y eliminar los gastos superfluos y no imprescindibles y no a los sueldos de los empleados ni de los jubilados, como se ha hecho éste para el 2002.

También se habían comprometido los gobernadores a firmar una ley de coparticipación que traería pacificación en la relación nación provincias y permitiría una seria negociación con los organismos internacionales.

Se ha dado comienzo al proceso electoral con la orden de confección de los padrones correspondientes, orden impartida el miércoles pasado. El 3 de marzo habrá elecciones en la Argentina.

Pienso que la sociedad viene cuestionando el accionar de la Corte Suprema. Este tema debe ser incluido en la agenda institucional de la Argentina. En estos siete días, donde me han exigido que haga lo que no se ha hecho en este país en los últimos 30 años, solamente pude hacer y que no es poco lo siguiente: primero, tomamos la decisión de suspender el pago de la deuda externa, cuestión sobre la que nadie podrá volver atrás. Esta sola decisión ya representa un enorme beneficio económico y social para el país. El Congreso Nacional tiene la participación constitucional correspondiente y el mundo ha comprendido esta justa y prudente medida.

Segundo, comencé el proceso de inclusión social de todos los marginados de un sistema perverso. Esta es una tarea gigantesca y el gran desafío de la era de la globalización. Todos los argentinos somos iguales.

Comencé un plan de un millón de puestos de trabajo que en sólo 7 días ya alcanzó la suma de 230 mil personas y que en los próximos 10 días puede llegarse al millón.

Cuarto, se realizó el más fantástico plan de austeridad eliminando autos oficiales, celulares, salarios excesivos y todo gasto superfluo e irritante.

Se bajaron con un tope de 3 mil pesos los sueldos máximos del Poder Ejecutivo y se disminuyó el 40 por ciento de la planta del personal político.

A pesar de que se quiere transmitir lo contrarios, hemos evitado el aislamiento de la Argentina y afianzado los lazos de amistad con Europa, Estados Unidos y el MERCOSUR.

En el orden interno, mantuvimos excelentes relaciones con las provincias argentinas de todo signo, incluida la Capital Federal.

Levantamos el estado de sitio en Buenos Aires, San Juan y Entre Ríos y comenzamos a transitar por el camino de la paz.

Cambiamos la relación entre las Fuerzas de Seguridad y el pueblo en ocasión del último cacerolazo.

Permitimos la expresión popular pacífica y respetuosa que se realizaba y confrontamos sólo y en última instancia, ante el desborde delictivo. Y esto es nuevo en la Argentina.

Todo esto en 7 días, de los cuales solamente 3 fueron hábiles. Hice un gran esfuerzo. El pueblo argentino hizo un gran esfuerzo.

Los lobos y los lobbies que andan sueltos, no han entendido la esencia de los nuevos tiempos y pretenden mantener los privilegios de la vieja Argentina. No voy a ser el presidente de la continuidad de esa vieja Argentina. No voy a ser el presidente de la represión al pueblo para sostener las posiciones de los factores de poder, a los que muchos me incita. No acepto esa infamia.

He pretendido ser quien inicie el cambio en la Argentina. Estoy seguro de haberlo logrado. Salvo los gobernadores peronistas de Formosa, Salta, San Luis, Buenos Aires, Misiones y La Rioja, los demás me han quitado el apoyo. Especialmente el gobernador de Córdoba, que priorizó la interna partidaria a los intereses de la patria. Muchos legisladores siguen creyendo que están primero las prebendas a la patria. Aquellos que me apoyan representan escasa fuente de legitimidad.

Esta actitud de mezquindad y retaceo, no me deja otro camino que presentar mi renuncia indeclinable a la Asamblea Legislativa.

Comunico esta decisión al pueblo argentino y dejo la Presidencia desde este mismo instante en manos del presidente provisional del Senado a quien he comunicado telefónicamente mi decisión.

Si durante mi brevísima gestión he ofendido a alguien, le pido perdón. He puesto mis mejores sentimientos.

Agradezco enormemente a quienes me ayudaron, a quienes me comprendieron y a quienes me siguieron.

Ruego a Dios que ilumine al futuro presidente y que la Argentina reencuentre el camino de la paz y justicia.

Procedo en este acto a entregarle al señor edecán mi renuncia indeclinable a la Presidencia de la Nación Argentina dirigida a la Asamblea Legislativa y le pido al señor edecán que proceda a viajar a Buenos Aires a hacerle entrega a ese Honorable Cuerpo.

Buenas noches, muchas gracias, ¡viva la Argentina!

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