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•La gravedad de la situación requiere soluciones a la vez urgentes y profundas, basadas en una visión del país de largo plazo, en políticas integrales y coherentes, superadoras del pasado. Esta es la tarea que, en el marco del estricto respeto de la Constitución Nacional, le corresponde a un período de transición.
•La salida es posible pero debe construirse a partir de valores comunes: la recuperación de la confianza, como valoración del prójimo, la previsibilidad y las reglas de juego; la credibilidad, ligada especialmente a la honestidad y a la transparencia de todos los actores; la solidaridad como expresión de una mayor justicia distributiva y de una austeridad compartida; en fin, la identidad nacional, como la justa valoración del pasado y la vocación de construir una visión o proyecto de país ampliamente compartido.
•La transición hacia un tiempo nuevo es un proceso que reclama la participación de todos y cuya eficacia y credibilidad exigen particularmente de la dirigencia política, financiera, sindical, empresarial y social gestos y decisiones que exhiban cambios de conducta y explícitas reglas de juego . En definitiva, para alumbrar un futuro diferente y sentar las bases de la reconstrucción, la transición ha de nutrirse de actitudes de grandeza y desprendimiento, decisiones ejemplares capaces de renovar las instituciones y los comportamientos públicos.
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