Lejos del país, este presidente al que no le gusta mucho viajar se enteró de dos fallos judiciales que le hacen más resbaladiza la cancha. Una jueza de Río Gallegos, como adelantó el lunes este diario, ordenó a la administración de Sergio Acevedo que publique la información completa sobre el manejo de los polémicos fondos de Santa Cruz -todavía difusos en montos, comisiones y ubicación depositados en el extranjero. Una pica en el asunto que más preocupa a la intimidad de Néstor Kirchner porque hunde sus raíces en actos que hoy prefiere olvidar, al menos en el nivel público, como su participación en la privatización de YPF.
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En tanto la acordada de ayer de la Suprema Corte que voltea la ambición reformista en Santiago del Estero (ver nota en Ambito Nacional, pág. 17) es más mortificante porque es el primer fallo de naturaleza política --salió por unanimidad --que intercepta un proyecto del kirchnerismo: exportación hacia otras provincias peronistas de un modelo electoral. Y, el tribunal para colmo usa argumentos de la propia Cristina de Kirchner contra la reforma constitucional. Es la peor noticia en lo político que podía recibir el proyecto presidencial: • Los siete jueces que quiebran el espinazo de la gestión de Pablo Lanusse estaban llamados -según la percepción que el gobierno instaló en la opinión públicaa ser una mayoría automática y complaciente hacia el Poder Ejecutivo. El costo de haber cambiado de manera tumultuosa la integración que heredó este gobierno le hacía esperar otra actitud, y menos en momento tan comprometedor: en seis días se cumplen los 180 días que había votado el Congreso para la gestión de Pablo Lanusse. Este interventor, encerrado anoche en un hotel en la capital provincial, negaba una renuncia que todos anuncian. Espera, para definirse, el regreso del Presidente desde los Estados Unidos. En el otro lado de la línea, el ministro Aníbal Fernández trata de remontar este revés -apoyó la reforma constitucional-y apadrina una lista oficialista por fuera del PJ logrando unir en su contra lo que parecía imposible: todo el peronismo provincial que parecía dividido de manera irreconciliable cuando mandaba el juarismo. En rigor se habría enredado por culpa de los desatinos de Lanusse y Eduardo Luis Duhalde. Entre los papeles que analizaba anoche Aníbal Fernández está un llamado inmediato a elecciones generales en Santiago y un plan de salida para la actual intervención.
• Los magistrados de la Corte lastimaron de manera triple al mandatario: 1) voltearon la reforma kirchnerista; 2) rechazaron los argumentos en contra del procurador Esteban Righi (quien en su dictamen previo a la acordada de ayer dijo que la Corte no era competente para resolver el amparo contra la reforma); 3) usó en contra del proyecto kirchnerista las palabras de la primera dama en la sesión en que se votó la intervención (allí negó que el gobierno provisorio tuviera facultades para promover una reforma constitucional).
• Los intérpretes de entrelíneas en Tribunales ven no sólo una puja de doctrinas en esta sentencia. El mentor de Lanusse y de la reforma fue Gustavo Béliz, el hombre menos querido por los jueces del tribunal. Ni los nuevos miembros, como Raúl Zaffaroni, tienen buen recuerdo del ex ministro, a quien no olvidan trabajando «a reglamento» por su nominación. Menos gustan en la Corte los fogoneros de los proyectos de Béliz. Uno, Daniel Sabsay -autor del borrador de reforma-es número puesto cada vez que se habla de cambios en la Corte y fatiga micrófonos desde hace años agrediendo al tribunal que aspira integrar. Otro es Eduardo Luis Duhalde, a quien se atribuye la intervención en Santiago como un proyecto de ambición personal, y que además presiona sobre la Corte arrinconándola para que resuelvan la nulidad de las leyes de punto final, algo que los magistrados terminarán haciendo por presión más que por convicción, salvo alguna excepción como Zaffaroni.
• Un presidente que cambia tanto parece condenado a sufrir de manera recurrente las consecuencias de actos del pasado en el momento menos oportuno. Hoy Béliz ya no está, ni tampoco alienta tanto Kirchner el combate contra el peronismo institucional. Era lo que quería en el primer semestre de su gobierno y lanzó el proyecto de «transversalizar» el peronismo eligiendo como blanco el símbolo más conspicuo del ese partido, la figura de Carlos Juárez. Hasta la elección del 7 de abril de 2003 lo cubrió de elogios como un modelo de conducta, hasta lo tildó de «maestro de la política». Apenas se sentó en la Casa de Gobierno descubrió, de la mano de Béliz y de Eduardo Luis Duhalde, que era la suma de lo peor de la política argentina. Atacó sobre Santiago porque le servía de laboratorio y de escenario para pedagogía de peronistas díscolos. • Hoy, más cerca de los gobernadores peronistas de viejo cuño y de Eduardo Duhalde (el otro, ex presidente) aquellos devaneos belicistashabíalanussistas parecen de otra época. De ahí lo inoportuno de esta noticia que puede ponerlo en mayores problemas si Lanusse confirma en las próximas horas su renuncia. Quien lo herede en la transición, hasta las elecciones generales, estará obligado a hacer campaña contra esta reforma nonata y podrá entretener al público con algunos hallazgos del proyecto. Por ejemplo, la restauración de las listas sábana que el juarismo eliminado en la reformade 2002 para instaurar el sistema de elección de diputados por circunscripción uninominal (el veterano Juárez buscaba evitar las derrotas que sufría en Santiago capital y La Banda). O la derogación que buscaba Lanusse del art. 14 de la Constitución provincial, que impide que un interventor federal pueda tomar decisiones de tipo económico y obliga al gobierno federal a sufragar los gastos que produzcan los interventores que vienen de Buenos Aires. Y que son caros, carísimos.