22 de mayo 2003 - 00:00

Duhalde admite ahora que puede volver como senador

Una postal extraña en la Casa de Gobierno: allí se observa un Duhalde inusualmente agrandado o, si se prefiere, un Reutemann disminuido desde el punto de vista anatómico. Quizá le hayan ofrecido al santafesino una silla de baja estatura para compensar la diferencia corporal con el designado.
Una postal extraña en la Casa de Gobierno: allí se observa un Duhalde inusualmente agrandado o, si se prefiere, un Reutemann disminuido desde el punto de vista anatómico. Quizá le hayan ofrecido al santafesino una silla de baja estatura para compensar la diferencia corporal con el designado.
Eduardo Duhalde perfiló ayer cuál será su futuro político: admitió la posibilidad de volver a ocupar un cargo legislativo a partir de 2005 pero, en paralelo, negó que esté en sus planes pelear por la conducción del PJ nacional, sillón que pretende Carlos Menem.

Duhalde consideró como una «posibilidad seria» retomar una banca en el Senado Nacional en el próximo turno electoral, tal como hizo en 2001 cuando se impuso en la elección de Buenos Aires, lo que le permitió llegar al Congreso y luego ser designado Presidente.

Respecto de la disputa partidaria, dijo que «nunca más» participará de «temas partidarios» y planteó que la mejor alternativa es que el PJ tenga «una conducción provisoria, integrada por todos los gobernadores, sin excepción, cerrar filas y apoyar al gobierno a que las cosas mejoren».

De esa manera, Duhalde apartó de la jefatura del peronismo a Néstor Kirchner. «El partido, cuando el presidente es del mismo signo político, tiene que cerrar filas en su entorno para ayudarlo a que las cosas mejoren», argumentó.

El tema Carlos Menem también entró en su agenda diaria. «Tiene (Menem) que ir convenciéndose de que fue parte de una etapa que ya terminó y que se debe ayudar. Yo espero que recupere algo de grandeza para abrir camino a los nuevos.»

Y agregó: «Ya pasó su momento y no se dio cuenta. Ahora espero que se dé cuenta, que sea generoso al menos una vez en la vida».

Además trazó un perfil del tipo de administración que se debería implementar en el futuro: un esquema parlamentarista como el que funciona, «con éxito» dijo, en Canadá y varios países europeos.

Según aseguró, la Argentina debería transitar «sin apuro» hacia el establecimiento de un régimen parlamentarista «tal vez dentro de cuatro o cinco años» porque, aclaró,
«no es el mejor momento de un cambio de tal naturaleza cuando recién se inicia un gobierno».

Y defendió ese modelo:
«Cuando el sistema es bueno no depende si el país tiene un buen o mal presidente para que le vaya bien, sino que el sistema establece fusibles y posibilidades de cambiar si las cosas no andan».

Luego de afirmar que no tiene «muchas cosas de que arrepentirme» por su gestión porque «hizo más de lo que pensábamos» dijo que Kirchner tendrá un fuerte apoyo ya que
«más allá de que no hubo elecciones todos sabemos cuál era el resultado cantado: iba a tener Kirchner más de 70 por ciento de los votos».

Y sobre su rol ante la futura administración dijo que va a «colaborar con ideas, con propuestas» pero que su «vida partidaria propiamente dicha o institucional, ha concluido».

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