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Alrededor de la mesa se habían sentado Eduardo Fellner, gobernador de Jujuy y jefe de la campaña de Kirchner, Jorge Obeid, Jorge Busti, el secretario privado Juan Carlos Mazzón, José Luis Gioja, el presidente del bloque senatorial Miguel Pichetto, Eduardo Camaño, Jorge Matzkin y José María Díaz Bancalari. Se repasó entre ellos el mapa electoral, siempre desde la perspectiva del oficialismo, aunque con bastante crudeza en la observación de las dificultades.
Duhalde intenta en todo momento ser alentador y cuida la candidatura de su ahijado Kirchner más que la propia. Si hasta disimuló que la selección de Lavagna fue una decisión presidencial y le cedió la derecha al santacruceño: «El le ofreció el cargo al ministro, ya lo tienen conversado». Ninguna incoherencia, entonces, con las palabras del propio candidato, quien afirma que «ya hablé con el que será mi segundo». Nadie quería aguar la fiesta pero, concluido el almuerzo, los mismos invitados chequeaban entre ellos otras versiones: «A mí Lavagna me dijo que no quería ir detrás de Kirchner y que la sensación que tiene es la de estar terminando un ciclo», dijo un legislador que había hablado con el interesado unas horas antes.
Más allá de estas imprecisiones e incógnitas, el Presidente se siguió mostrando como el verdadero jefe de campaña del candidato del gobierno, a quien cariñosamente todos ya denominan «Lupín», como cuando era adolescente. Un traje que le queda mejor que el de Presidente. Víctima de esa cuidada función: Felipe Solá. «Me molesta que hable tanto -se confesó el dueño de casa desde la cabecera-. Lo irrita a Néstor innecesariamente. Ya le mandé a decir que no haga más daño.» Uno de los colaboradores de Duhalde que participaba del almuerzo lo explicó después. José Pampuro llamó al gobernador y le dijo que debía tomar una determinación y encuadrarse disciplinadamente tras la candidatura de Kirchner. «Mirá que si no te van a dejar afuera de tu propio cargo», amenazó Pampuro quien, advertido de la dureza de sus dichos, se cubrió de la ira de Solá: «Mirá Felipe que no estoy hablando por mí». Para quienes imaginan que la candidatura del gobernador es inestable y que, «in extremis», podría ser sustituida por la de «la señora», el secretario general de la Presidencia prestó un servicio sin igual. Solá se irritó con el mensaje, claro, pero entró en razones de inmediato. Cuando Duhalde terminó el almuerzo le contaron que «Felipe ya habló con Kirchner y está todo arreglado». Hoy habría que tomarles la temperatura en el acto que compartirán en Florencio Varela. Tal vez tenga que hacerlo Chiche, si va, aunque eso otra vez lo garantiza Negro.
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