El contenido al que quiere acceder es exclusivo para suscriptores.
Alberto Fernández, el jefe de Gabinete y principal sponsor de Ibarra en su reciente carrera hacia la reelección, no dejó pasar demasiadas horas después del triunfo de su socio para evaluar que el PJ porteño debe ser renovado, ya que en su forma actual resulta casi inexistente. Muy razonable lo de Fernández si se tiene en cuenta que el partido ni siquiera presentó un candidato a jefe de Gobierno en las últimas elecciones. Sin embargo, no todos coinciden en el remedio para corregir ese estado deplorable. Fernández, por ejemplo, imagina una intervención sobre el PJ Capital y se concibe a él mismo como interventor. ¿El paso siguiente sería su postulación como jefe de Gobierno, para lo cual serían clave las áreas que en estas horas le viene reclamando a Ibarra para el nuevo gabinete? Nadie lo admitiría tan temprano.
En efecto, Telerman estuvo hace una semana en la casa del ex presidente, a quien piensa reportar en este tramo de su carrera. No es una novedad: el actual secretario de Cultura porteño fue vocero de Duhalde durante toda la campaña presidencial de 1999 y consiguió en su momento, cuando quiso convertirse en diputado nacional, un respaldo del hombre de Lomas que pocos seguidores disfrutaron. ¿O en ese año '99 no recorrieron los Duhalde las calles de Buenos Aires para que ganara Telerman, asociado a Irma Roy, y perdiera Toma, paradójicamente su futuro jefe de Inteligencia? Fue en esa condición de peronista ligado a Duhalde que el compañero de fórmula de Ibarra se incorporó al gobierno de la Alianza, abriendo para el alcalde una ventana hacia el duhaldismo que nunca se cerró.
En las últimas horas, el ex presidente se reunió con varios dirigentes del PJ porteño a los que, invariablemente, envió a dialogar con Telerman. Y algunas de esas citas ya se produjeron. ¿Quién iba a imaginar que Duhalde buscaría a su hombre en la Ciudad de Buenos Aires en las filas de Ibarra, no en la de quienes jugaron con Macri? El problema queda planteado para Fernández, a quien en el campo de la «transversalidad» metropolitana comienza a quedarle poca gente. Salvo que, como muchos pronostican, Jorge Argüello abandone el campo Socma y pase a promover con sus amigos de la Legislatura un « subloque kirchnerista no ibarrista-». Curiosidades del destino: en su momento Fernández fue, con Argüello, a visitar las oficinas de Macri para convertirse en diputado del macrismo. Dicen que el desdén del presidente de Boca terminó volcando al actual jefe de Gabinete detrás de Ibarra, con el resultado conocido. Minucias que mueven la historia.
El paso de Argüello es importante para saber si quienes rodearon a Macri se constituirán en un grupo de poder o se dispersarán en distintas lealtades, sin una conducción unificada.
Dejá tu comentario