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28 de mayo 2002 - 00:00

Duhalde explora otra alianza para salvar a su gobierno

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La razón por la cual Duhalde y sus principales colaboradores se mostraban reconfortados es que el encuentro peronista de Santa Rosa expresó de manera bastante ajustada lo que se había planeado en la intimidad de Olivos el domingo pasado al mediodía. En esa oportunidad el Presidente almorzó con cuatro hombres que tienden a convertirse durante estos días en su escuadra principal de operación política: Atanasof, Matzkin, Luis Barrionuevo y Aníbal Fernández. En esa mesa, constituida antes de que emprendiera vuelo hacia La Pampa, se decidió el enfoque que la Casa Rosada llevaría a la mesa federal del PJ:
• Durante el mismo almuerzo Duhalde analizó con sus cuatro colaboradores un problema central de la física política que se instaló con su gobierno. Para acercarse al club de los gobernadores debería mostrarse más agresivo con el radicalismo. «No puede ser que en las provincias, los que estuvieron cerca del gobierno de Menem sean culpables de la crisis y los que se fueron dos años antes con De la Rúa sean tenidos como víctimas» fue la
• El cambio de orientación en la relación con la UCR se extiende también a la composición de fuerzas internas en el PJ. Duhalde mantiene con Carlos Menem un conflicto prepolítico, personal. Pero en la mesa del domingo, igual que en la reunión de gobernadores de anteanoche, debió aceptar que se abra un juego en favor de acercar al ex Presidente a la política oficial, a cambio de no tenerlo en un aislamiento
• La interpretación de fondo que presidió el almuerzo del domingo y la reunión de gobernadores en La Pampa es bastante razonable: sólo con una alianza política distinta de la actual Duhalde puede llevar adelante una orientación como la indicada en el «Documento de 14 puntos» suscripto hace un mes. Este criterio domina también a algunos radicales encumbrados, como el ministro de Defensa Horacio Jaunarena, convertido en un discreto interlocutor del Presidente. Jaunarena sería desde hace un par de semanas el receptor dentro del gabinete de una urdimbre política que incluye al cardenal Jorge Bergoglio, el jefe del Ejército Ricardo Brinzoni, dirigentes empresarios como los que se agrupan en la Asociación de Empresarios Argentinos que coordina Oscar Vicente, gobernadores peronistas y figuras políticas calificadas (la articulación de todos estos sectores la viene llevando a cabo un poeta y empresario, autor del ya clásico «Siesta Criolla»). Sobre la base de una agenda mínima, la operación pretende que Duhalde se asiente sobre una base nueva para relanzar su gobierno y evitar una crisis todavía más dramática que la que está en curso.

• Finalmente, en la cumbre de Santa Rosa se puso en evidencia una vez más cuál es la viga maestra del poder presidencial. Sencillamente, la desorientación ajena para constituir un dispositivo de reemplazo. Carlos Reutemann insinuó en la reunión que «la gente está muy enojada y tal vez tengamos que irnos todos» y José Manuel de la Sota busca una fecha electoral que le permita tentar suerte como candidato a presidente sin perder la chance de retener la provincia de Córdoba, que realiza elecciones antes de abril próximo. Como otra asamblea legislativa resulta inconcebible, el poder de Duhalde siguió siendo lo más sólido a la vista, a pesar de la falta de creatividad y de convicción que lo inspiran.

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