17 de junio 2002 - 00:00

Duhalde no sabe ya cómo negar que se iría antes<

Eduardo Duhalde sólo quebró el silencio del fin de semana que pasó recluido en su chalet de Lomas de Zamora para insistir en descartar una convocatoria a comicios anticipados. «La tarea de un gobierno de transición es reinsertar a la Argentina en el mundo, resolver el tema financiero y ordenar una salida, y es imposible pensar en hacerla rápidamente porque el próximo sería un gobierno sin ninguna representatividad», dijo en una de sus habituales charlas por la radio oficial.

Por ello, se mostró convencido de que «el tiempo que falta para las elecciones», programadas para setiembre de 2003, es el « justo para que no vayamos a un nuevo gobierno de transición sino a uno que pueda tener allanados los graves problemas».

Duhalde
salió al frente de versiones que circularon en la semana respecto de que el Fondo Monetario Internacional (FMI) habría pedido el adelantamiento de las elecciones para llegar a un acuerdo.

El viernes, el embajador estadounidense en la Argentina, James Walsh, negó ante Duhalde que la administración de George W. Bush tuviera en mente aislar a la Argentina y que presione para que se adelanten las elecciones.

•Invitación

Walsh visitó al Presidente cumpliendo con una invitación de la semana anterior, pero sorprendió que al salir de la oficina de la embajada en Buenos Aires diera un comunicado de prensa manifestando el desagrado de esa legación ante la información que había circulado sobre que «Estados Unidos condiciona su apoyo a la firma de un acuerdo con el FMI a cambio de elecciones anticipadas».

Ese gesto insólito de un embajador de Washington desmintiendo información periodística -casi una caricatura tercermundista-puso de manifiesto que ése fue el tema central del almuerzo a solas que compartieron Walsh y Duhalde:

• El visitante, pudo saberse pese al hermetismo con que intentó ocultar lo charlado, dijo sentirse molesto por lo que habían dicho ese viernes voceros periodísticos que suelen visitar con frecuencia al embajador. Walsh, sabe Duhalde, es un diplomático que « pavimenta» (para usar un verbo caro a la jerga monopólica) sus percepciones sobre el país en largos diálogos con periodistas de «La Nación» y «Clarín», y además con allegados a su gobierno como el diputado Miguel Toma y su universo de relaciones (Jorge Matzkin, José Luis Manzano).

Por eso Duhalde tenía razones para relacionar esas publicaciones que decían que EE.UU. quería elecciones inmediatamente después del acuerdo con el FMI. Aprovechó para eso una cita que tenía establecida con Walsh desde la semana anterior, cuando se la había sugerido un amigo común de ambos, el ex presidente Ramón Puerta.

• Durante la charla entre estos dos hombres de poca verba, el ultraprofesional
Walsh y el desconfiado Duhalde se despachó rápido el desmentido a la versión periodística. El embajador accedió al insólito recurso de dictar un comunicado de prensa que seguramente debió consultar con Washington. Este diplomático -quizás el mejor conocedor de la Argentina que ha tenido Estados Unidos como embajador- vive preocupado porque le toman el pelo en el Departamento de Estado sobre la certeza de los informes que manda. Nunca se cumplen sus profecías, que recoge de charlas con políticos y periodistas que lo frecuentan pero que le dicen más lo que ellos desean que lo que está ocurriendo. No parecen convencer a Washington las disculpas de Walsh de que no es de él, ni sus fuentes, sino la realidad política argentina la que es contradictoria hasta ser casi incomprensible.

• También lo mortifican porque no tiene un trato fluido con
Duhalde, a quien virtualmente no conoce ni trata. O porque él es muy profesional pero carece de recursos para penetrar el estilo bonaerense, o porque Duhalde no se trata más que con amigos, de hecho el almuerzo del viernes fue la primera vez que estuvieron cara a cara y a solas.

Duhalde se ocupó de preparar ese almuerzo a solas; citó a Olivos a Roberto Lavagna, Carlos Ruckauf, Jorge Matzkin y Martín Redrado para que lo aconsejasen sobre qué preguntarle al visitante. Cumplió con las indicaciones y escuchó los temores de Walsh -más bien de Washington-por el eventual contagio regional de la crisis argentina. También se especuló a dúo sobre las posibilidades de que Lula sea o no el próximo presidente de Brasil. Se enteró Walsh de que el entusiasmo de los lulistas es tal sobre el triunfo que han dejado a Duhalde huérfano de la ayuda que le han dado hasta ahora los hombres de Duda Mendonça.

Cuando se conoció el comunicado de
Walsh, Matzkin se felicitó de «que se haya terminado definitivamente con el tema» de una supuesta injerencia del representante de Washington, al evaluar el comunicado emitido el viernes por la Embajada de los Estados Unidos en Buenos Aires calificando de « falsas» esas insinuaciones.

«
En ningún momento ni el Departamento de Estado, ni el Departamento del Tesoro, ningún organismo de Estados Unidos se había referido a esta cuestión», detalló Matzkin.

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