Mientras Eduardo Buzzi se toma la cabeza, Mario Llambías mira atento las sonrisas del jefe de Gabinete, Alberto Fernández, quien con Florencio Randazzo y Cristina de Kirchner parecen simular su incomodidad de compartir una mesa con personas a quienes acusaron, entre otras cosas, de golpistas.
El lenguaje del silencio: Cristina de Kirchner respondió sin palabras, con una mirada fría, el pedido de Mario Llambías para que el gobierno suspenda la vigencia de las retenciones móviles hasta tanto el Congreso discuta -y resuelva- sobre la cuestión de fondo.
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Las entidades, casi por formalidad, llegaron a la Casa Rosada con la intención de dejar sentado su planteo de congelar temporalmente la Resolución 125. De antemano, como adelantó ayer este diario, el gobierno tenía decidido no discutir el tema.
El atajo de la Presidente, apenas simbólico, fue mencionar que el giro de un proyecto del Poder Ejecutivo al Congreso supone que, desde esta semana, esa discusión está en manos de los legisladores. Como si Balcarce 50 no interfiriera en la evolución del texto.
Tibieza
El restablecimiento del diálogo entre el gobierno y el campo, luego de 32 días de incomunicación, se limitó a un sondeo tibio luego de una larga temporada de reproches,amenazas y desafíos callejeros. Por eso, aunque vacía, la reunión fue calificada como «positiva».
«Abrió el juego», ensayó un elogio optimista Llambías. Pero, en rigor, tal como era previsible, el gobierno fijó una agenda cerrada donde dejó afuera, específicamente, cualquier debate en torno a las retenciones móviles que desataron el conflicto rural.
A las 18.20, la Presidente recibió a los cuatro delegados del campo: Llambías (CRA), Eduardo Buzzi (FAA), Fernando-Gioino (Coninagro) y Hugo Biolcatti, vice de la Rural, en representación de Luciano Miguens. Biolcatti será el próximo titular de esa entidad.
Ministros
Junto a la mandataria estuvieron dos ministros, Alberto Fernández, jefe de Gabinete, y Florencio Randazzo, de Interior. Fue, se relató anoche, una reunión «dura pero amable». «Como un encuentro de amigos que tuvieron problemas, pero se respetan» se ilustró.
En ese marco, Cristina de Kirchner castigó con dos cuestiones. No se privó de reprocharles a los ruralistas que el conflicto sumió al país en «100 días aciagos», según la traducción que hizo Fernández ante la prensa. Puertas adentro, la Presidente fue menos diplomática.
Sin reservas, recordó los cortes de ruta, el efecto sobre la economía y el desabastecimiento que, durante la larga puja, afectó a buena parte del país. Imputó la responsabilidad total a los ruralistas que ensayaron algunas explicaciones, pero evitaron confrontar. El otro punto áspero llegó vía power point: especialista en la proyección de informes informáticos, el jefe de Gabinete mostró datos de la Aduana que detallan que durante el conflicto las exportaciones agropecuarias se incrementaron, en algunos casos, en hasta 157%.
Acusación
Con esos datos, el gobierno acusó al campo de desabastecer el mercado interno mientras las ventas al exterior continuaron en alza. La comparación se hizo cotejando el período enero-mayo de 2008 con el mismo plazo de 2007. En soja, por caso, se exportó 18% más de toneladas.
En facturación, la variación fue más notable: en soja fue 70% superior a 2007; en maíz, 71%; en trigo, 60%; en harina, 157%; en aceite de girasol, 144%; y en aceite de soja, 67%. Lo que menos creció fue la venta de carne al exterior: la suba fue, indicó Fernández, de 13%.
Los ruralistas, a su turno, plantearon sus urgencias en materia de economías regionales, lácteos y carne. «Estamos abocados a esos temas y queremos trabajar juntos», los invitó la Presidente. No hubo mayores precisiones técnicas. El mensaje fue, se sabe, político.
Esa fue la valoración uniforme en el gobierno y por parte de la dirigencia rural. Se retomó una negociación que estaba congelada desde el 22 de mayo y que, a lo largo del último mes, no sólo no registró ningún avance, sino que se contaminó con hechos que agudizaron la crisis.
En adelante, sin fecha fijada, Fernández seguirá negociando con la cúpula del campo. «Ahora la negociación está abierta», se dijo, anoche, desde Casa Rosada. Y se volvió a justificar la decisión de no hablar de retenciones: el tema está en el Congreso.
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