Apenas arribado del Vaticano, donde formó parte del cónclave que eligió al Papa Benedicto XVI, el arzobispo de Buenos Aires, cardenal Jorge Bergoglio, afirmó ayer que sólo el Pontífice designa o remueve a los obispos, en alusión al caso de monseñor Antonio Baseotto. La observación del purpurado coincide, como no podía ser de otro modo, con el pronunciamiento del plenario del Episcopado, que el viernes pasado señaló lo mismo. El sábado, apenas llegó a Roma, Néstor Kirchner se ocupó de desafiar esa conclusión destacando que la medida tomada contra Baseotto «es irreversible». La reiteración no hace más que confirmar las tensas relaciones que mantiene el gobierno con la Iglesia, después de su entredicho con el vicario castrense, las que se acentúan ahora con el nuevo papado.
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