El faltazo de Néstor Kirchner al homenaje a los 25 años de la Guerra de Malvinas, en Ushuaia, lo termina de ubicar en un rol poco recomendable para un presidente: estimuló el desafío gratuito sobre lo que se anima a enfrentar. O a lo que no se anima enfrentar. Tonterías a las que la opinión pública, en general, no les presta atención, salvo por las recurrentes provocaciones -"No les tengo miedo"expresadas por el propio Ejecutivo contra rivales presuntos y ciertos (militares, periodistas, jueces) que en general no gozan con capacidad de defensa. Esas repetidas instancias forzaron la reflexión sobre carencias y atributos ante una manifiesta presión sindical que amenazaba el acto, con 300 activistas cruzados de Río Gallegos a Tierra del Fuego nada más que para empalidecer la actuación de Kirchner. Una exageración de los gremios, sin duda, que en la provincia natal hostigan al mandatario con marchas continuas y éste ha militarizado el conflicto protegiendo escuelas y hasta artillando su propia vivienda. Pero fue el gobierno ayer el encargado de incentivar la sensación de ausencia al decir que el Presidente no había concurrido debido a que no deseó privilegiar un acto sobre otro, respecto de tantos que se realizaban en el país por Malvinas. Torpe explicación: la ministra de Defensa había anticipado la presencia de su jefe y "Canal 7" había enviado cámaras y técnicos para transmitir en directo la ceremonia (hecho que, escandalosamente no ocurrió, quizá por el egoísmo de no ofrecerle pantalla a Daniel Scioli, con lo cual el canal oficial no divulgó el principal homenaje a los caídos en combate). El Presidente prefirió quedarse en El Calafate con su familia y descansar rodeado de los nuevos propietarios de las tierras de ese paraíso turístico. Todos amigos de él. Sólo con su investidura, con el bastón de mando y, sobre todo, con el recuerdo por los muertos, la magnitud de la guerra -la única que perdió la Argentina-y el sentimiento por el archipiélago hubieran acallado cualquier barullo sindical. Y, si así no hubiera sido, el país entero se habría repugnado ante la falta de respeto al acto, al Presidente, a la memoria. Ni siquiera había que ser Agustín P. Justo, quien un día abandonó el séquito oficial para enfrentar a unos revoltosos que lo hostilizaban en medio de una marcha y los corrió a los gritos. Bastaba con la presencia, ni siquiera era un caso de hombría.
Daniel Scioli encabezó el acto central por el 25 aniversario de la guerra en Ushuaia. La ausencia
de Néstor Kirchner convirtió al candidato bonaerense en el principal orador del homenaje.
Sin pasiones, con un regusto de decepción por la inexplicable ausencia de Néstor Kirchner, la ceremonia oficial por los 25 años del desembarco en Puerto Argentino mezcló ayer un firme reclamo de soberanía sobre las Malvinas pero en un contexto opaco y protocolar.
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No fue el clima, que regaló un sol brillante, en un amanecer despejado. Fue el minué presidencial de amagos y gambetas lo que mantuvo hasta último momento la expectativa de que encabezaría el acto.
Y cuando se supo que no, la desazón fue inevitable e inocultable.
Frente al faltazo del Presidente -que confirmó sobre las 11, minutos antes de la hora de inicio-, Daniel Scioli expresó la postura de la Casa Rosada al ratificar el reclamo del derecho argentino sobre las islas que, aseguró, «son, siempre lo fueron y serán argentinas».
Como detalló ayer este diario, además de reforzar el capítulo soberanía, ítem que Gran Bretaña se niega a discutir, el gobierno invitó a retomar el diálogo bilateral. «Convocamos al Reino Unido a que atienda los llamamientos internacionales y reanude las negociaciones», dijo Scioli.
Precisión
Fue más preciso: pidió que se haga «según disposiciones internacionales», en referencia a la ONU, que sistemáticamente atendió las solicitudes argentinas para restablecer la vía diplomática sobre soberanía pero chocó con la también sistemática negativa de Londres.
Formal y ordenado, Scioli vistió sus expresiones al repiquetear con la exigencia de recuperar las islas, pero « trabajando por la paz sin que esto signifique claudicar en la lucha por la soberanía». Luego agregó: «La Argentina no es contraria a cooperar, siempre que Gran Bretaña contribuya a crear condiciones de diálogo».
«Jamás dejaremos de reivindicar nuestros legítimos derechos», aseguró el vicepresidente, y precisó: «Ni la guerra ni el paso del tiempo cambian las condiciones. Las Malvinas son y serán siempre argentinas. Vamos a recuperar lo que nos pertenece».
Emotividad
Ese párrafo detonó entre los ex combatientes y los familiares de caídos que habían llegado desde todo el país el instante más emotivo.
Hubo una lluvia de aplausos. El desfile, los homenajes, la austera arenga de Scioli no pudieron suprimir el incómodo malestar de los ex soldados que querían encontrarse con Kirchner.
«Todos estábamos esperando el mensaje del Presidente», dijo, ayer, Osvaldo Hillar, de la Asociación de Veteranos fueguinos.
- ¿Están decepcionados ante la ausencia de Kirchner? -se le preguntó.
- Respetamos su decisión, pero estamos tristes: esperábamos su presencia, sin desmerecer al vicepresidente Scioli; con Kirchner hubiese sido otra cosa.
- ¿Afectó su idea de seguir peleando contra la desmalvinización?
- No, pero la presencia de Kirchner, en un día tan especial, mirado por el mundo, hubiese sido un condimento importantísimo de reconocimiento para contribuir a crear conciencia sobre Malvinas. Queríamos escuchar sus palabras.
Ni Scioli ni el resto del staff-gubernamental que apareció ayer -algunos anteayer-por Tierra del Fuego alcanzó para suplir a Kirchner. El canciller Jorge Taiana y el ministro Aníbal Fernández estuvieron, incluso, en la vigilia del 1, en Río Grande.
El vice, en tanto, había viajado por la mañana en el Tango 10 junto con el secretario de Legal y Técnica, Carlos Zannini, y con la ministra de Defensa, Nilda Garré. La ex embajadora en Caracas aportó, el domingo, al papelón cuando confirmó una presencia de Kirchner que no fue tal.
Asistentes
También participaron el jefe del Estado Mayor Conjunto, brigadier general Jorge Chevallier, y los jefes de las tres Fuerzas Armadas: Roberto Bendini, Normando Constantino y Jorge Godoy.
Más de 3.000 personas, según la organización, participaron del acto que comenzó cerca del mediodía y que se coronó con el mensaje de Scioli, cuyo tramo final estuvo dirigido a las familias de los caídos. El conflicto dejó 649 bajas del lado argentino.
«Es muy doloroso para un padre o para una madre perder a un hijo, pero qué satisfacción puede compararse ver a esos hijos recibiendo elogios inmortales de la patria», dijo el vice, y confió que «el sacrificio de ayer sirva para construir una Nación fuerte y unida».
A esa hora, Kirchner estaba de sobremesa es su residencia de El Calafate.
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