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13 de octubre 2006 - 00:00

El Francés, entre émulos de D'Elía y peleas kirchneristas

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Carlos Zannini
El Hospital Francés ya se ha convertido, gracias a la crisis que estalló en su seno, en una guía muy minuciosa para recorrer los enfrentamientos e intrigas del gobierno de Néstor Kirchner en muchas esferas: desde el campo específico de la política sanitaria hasta el de las estrategias electorales, pasando por la permanente tensión entre originarios santacruceños y porteños adoptados. Sin olvidar las luchas domésticas del sindicalismo, que también son un factor muy activo del drama que, de golpe y porrazo (nunca más justo el dicho), comenzó a ocupar una superficie importante de la vida oficial:

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  • Ayer, durante buena partedel día, los escándalos del sanatorio ocuparon muchas horas de debate y reproches entre el jefe de Gabinete y su círculo más estrecho (entre ellos, el interventor de la entidad, José Luis Salvatierra, y su director médico, Walter González). Héctor Cappaccioli, superintendente de Salud y su mano derecha, Néstor Vázquez, pensaban viajar a Santiago de Compostela pero debieron permanecer en el país para atender el escándalo. Este grupo es el responsable político directo, a los ojos de Kirchner, de todo lo que pase en el Francés. La discusión arrojó un primer corolario hacia la noche: la expulsión de Salvatierra.   

  • La solución más a mano para salir del paso, según estos funcionarios, fue constituir un fideicomiso con aportes del Tesoro nacional, la provincia y la Ciudad de Buenos Aires, que permita sostener la plantilla salarial (abultadísima: 8 empleados por cama, más del doble de lo que recomienda cualquier manual sanitarista) y evitar huelgas salvajes.

  • No todos los involucrados en el problema están de acuerdo con esta decisión. En algunos casos, el dictamen adverso puede asentarse en razones de interés: antes de que se desatara la tormenta, las autoridades del Francés habían ya avanzado en una tercerización de los servicios. La beneficiaria sería una cadena de prestadores cuyo titular es el empresario Guillermo Casiraghi. La empresa se llama National Advisor y tiene oficinas en la calle Florida al 500, de la Capital Federal. ¿Qué vínculo existe entre Casiragui y el nuevo interventor, González? Habrá que prestar atención.

  • Salvatierra, el responsable hasta anoche, en sus insólitas apariciones radiales, adelantó la novedad de la gerenciadora. Desde luego, la contratación de esa red sólo llama a sospechas. Sobre todo porque ofrecerá -como admitió el mismo Salvatierra- más hospitales y sanatorios a los afiliados del hospital. Con lo cual, éste tendrá menos ingresos y se alejará todavía más, si eso fuera posible, del saneamiento.

    Para que quede más claro: hasta ahora el hospital tuvo un caudal de afiliados que abonaba una determinada cuota, constituyéndose de ese modo sus ingresos. Ahora habría que pensar que esos recursos le serán derivados a un gerenciador que, a su vez, ofrecerá un cartilla con distintas clínicas o sanatorios a los beneficiarios del hospital. Los recursos de éste disminuirían. Salvo para quien resuelve la tercerización, quien podría derivar todos sus clientes a una gerenciadora. ¿Y cobrar por ello? Sería pensar mal.

    Ahora bien, ¿el dinero del fondo fiduciario que se propuso anoche iría a las manos de Casiraghi? ¿Qué sucederá con el sistema de capitación del que habló ayer el propio Salvatierra? Muchas incógnitas sobre este negocio.   

  • Otra fuente de recursos inmediata para el Francés sería que, desde el Estado, se le deriven afiliados del PAMI, de modo tal que se incrementen los ingresos del sanatorio. Pero esta posibilidad está bloqueada por luchas internas del instituto. Si bien Graciela Ocaña, su presidenta, depende de Alberto Fernández (igual que Cappaccioli, Salvatierra, Vázquez, etc.) y estaría dispuesta a colaborar de ese modo, el titular de la Región VI de la obra social de los jubilados, Carlos Rojo, no se cansa de oponerse a que «los viejitos» se hagan atender en el Francés. Rojo aduce razones de baja calidad de las prestaciones. Pero debe recordarse que él reporta al segundo del PAMI, Luciano Di Cesare. Es un «pingüino» de raza, nada menos que el yerno del escribano de los Kirchner (en el caso de una familia con tanto movimiento inmobiliario, el notario es un prestador estratégico). Recordar: los originarios de Santa Cruz, cuando están en Buenos Aires reportan a Carlos Zannini y Rudi Ulloa, no al jefe de Gabinete Fernández, cuyos planes tratan en general de entorpecer.

  • Tampoco se puede esperar plata de los gremios para que el Francés se financie más cómodamente. Los sindicalistas no quieren que sus obras sociales contraten con ese instituto por una razón sencilla: sería alimentar una fuente de trabajo para trotskistas y « bolches», es decir, para activistas de izquierda que después terminan embistiendo contra ellos, los «gordos».   

  • La Superintendencia de Salud también juega sus propios enfrentamientos en el hospital. Vázquez, el gerente, dice a los cuatro vientos que carece de interés en el tema: que fue una jugada política de Capaccioli, el superintendente, una pieza clave en el tablero político de Alberto Fernández, en la Capital. Vázquez mira para otro lado y se encomienda a su santo favorito, San Javier, para que los sucesos del hospital no terminen complicando sus operaciones, siempre controvertidas.

    Juan Carlos Biani, el otro gerente, soñó en su momento que «el Francés será mi proyecto», una expresión setentista de la que este burócrata carecía cuando oficiaba como gerente de prestaciones de la Superintendencia durante la presidencia de Carlos Menem.

  • Sin la solidaridad de su entorno, Capaccioli quedó haciendo declaraciones casi en solitario. O con la incómoda compañía de Salvatierra, quien ayer se hundía en las arenas movedizas de los reportajes radiales. Casi candoroso este interventor, quien negaba conocer al «batata» Sergio «La Tuta» Muhamad, una especie de Luis D'Elía del sanitarismo kirchnerista. Uno toma comisarías, el otro hospitales, más allá de que entre el piquetero y el barrabrava se detecte cierta degradación en la metodología oficial. Además, Muhamad exhibía alguna distancia ideológica con su precursor. Para explicar su incursión en el Francés expuso, con tono desesperado, lo que le parecía una evidencia: en el hospital «estaba la zurda, la izquierda, el Polo Obrero» y había que sacarla. Increíble kirchnerismo, que deja suelto para justificar los desmanes a este patovica, heredero inesperado en las filas oficiales de la controvertida y ya legendaria Elena Cruz.
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