10 de mayo 2007 - 00:00

El obispo pidió ''serenidad''

La marcha de los municipales tuvo otra motivación: respaldar al combativo obispo de Río Gallegos, Juan Carlos Romanín, blanco de sucesivos ataques del gobierno nacional y provincial. Tras los choques con la Policía, los empleados se movilizaron hasta la sede del Obispado local, donde Romanín salió a hablar con la gente y volvió a pedirle «no responder a la provocación y mantener la calma y la serenidad en tiempos tan difíciles».

Sus palabras también tuvieron otra interpretación. El martes, desde la Casa de Gobierno, el enardecido discurso del Presidente incluyó un párrafo dedicado al religioso: «Yo también soy cristiano y pongo la otra mejilla».

Pero el conflicto entre el salesiano y el jefe de Estado no es más que un rebote de la dura relación que mantiene Néstor Kirchner con el cardenal Jorge Bergoglio y que no encuentra por el momento solución. Tampoco la encuentra en Santa Cruz.

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