ver más

Ya superaste el límite de notas leídas.

Registrate gratis para seguir leyendo

9 de agosto 2002 - 00:00

El sistema norteamericano para elegir candidatos es muy distinto

La reacción de los políticos argentinos ante el desprecio manifiesto de la sociedad por ellos los ha precipitado a una serie de reformas en los sistemas electorales cuyo signo más distintivo es la torpeza en las leyes -nacionales y provinciales- que se van sancionando. Pese a todo, entre los que votan incongruencias están los más sanos en intenciones. Del otro lado está la conjunción duhaldismo-radicalismo populista (ambos con base en la provincia de Buenos Aires), que quiere entregar formalmente la Casa de Gobierno y el sillón presidencial, pero no el poder. Por eso deja sancionar leyes que luego adultera con el veto y los decretos reglamentarios, como los déspotas ilustrados del siglo XVIII. Entre unos y otros quieren imponer civilización con maniobras de barbarie y, obvio, terminarán imponiendo barbarie con métodos sólo en apariencia de civilización. Un engaño. La convulsión actual -donde lo más probable es que no se vote en ninguna interna y vayan todos los candidatos fuertes del PJ "por afuera" en la elección del 24 de noviembre- muestra que estamos ante otra oportunidad perdida de mejorar la política. Para esta dramática derivación se han usado debates, sanción de leyes, vetos, decretos reglamentarios con un tiempo perdido casi irrecuperable porque evitar el desmadre requiere precisamente tiempo, padrones, nuevas sanciones, nuevos decretos. Y frente a todo eso hay una crisis socioeconómica tremenda: recesión, desocupación, desactualización en tecnología productiva, falta de financiamiento para exportar más, ahorristas frustrados, población desvalorizada en sus bienes propios, cuidados de salud y educación que se deterioran. Esta crisis no da espacio para que los políticos ganen el tiempo perdido con tan malos resultados brindados. Sobre todo, por lo dicho, que es más importante que el tiempo, no hay mentes pensantes en el sector público y sólo pícaros que piensan únicamente en mantener sus privilegios.

ver más




El contenido al que quiere acceder es exclusivo para suscriptores.

• Agravó esa rigidez del sistema criollo que en la reforma de 1994 se introdujese la obligación del voto en el texto de la Constitución. Eso atornilló la perversidad del sistema argentino, que tiene como contrapartida desde los ciudadanos en el voto negativo o voto basura: «Me obligás a votar a alguien, yo voto a Clemente». En la última elección legislativa ese voto de rechazo fue casi mayoría. Otra respuesta del votante es ejercer el voto-rechazo en las elecciones y eso ha convertido a la política argentina en una trituradora de dirigentes; véase si no, la lista de dirigentes que el electorado argentino descartó en los últimos 25 años.

• En los Estados Unidos el voto es considerado un derecho, no una obligación. El dirigente tiene como primera misión convocar a los ciudadanos a participar, después a que lo elija a él. Por eso la promesa incumplida, algo que en la Argentina se festeja como una avivada de pícaros, es sancionada gravemente por los votantes en la próxima elección. Cada legislador, por ejemplo, tiene disponible en su página de Internet una lista de todas las votaciones que hizo durante su mandato, aunque pocos la consultan a la hora de tomarle examen, revela el interés que tienen esos políticos en mostrarle a los votantes que cumplieron lo que habían prometido.

• El voto voluntario hace que en promedio las elecciones presidenciales hayan convocado en los Estados Unidos a 65% de los votantes. Algo que no está muy por debajo de 80% que participa con obligación como promedio en las presidenciales de la Argentina. El sistema americano obliga a un esfuerzo adicional al votante, que es registrarse como votante. No basta con tener un documento de identidad -que en los Estados Unidos no es único y se puede votar hasta con el carné de conducir-; antes hay que ir una ventanilla que suele haber en el correo, los hospitales o las escuelas y universidad, y sacar un carné de votante. O sea que el sistema americano descansa en tres instancias de decisión: 1) registrarse como votante; 2) ir a votar; 3) votar por Fulano. Por fuerza la selección de los candidatos tiene que ser mucho más eficaz si se piensa en cómo el voto cautivo que promueve la obligación en la Argentina se resuelve en masas de gente llevada en colectivos como ganado a votar por el partido del puntero que se interesó ese día por ellos.













Últimas noticias

Dejá tu comentario

Te puede interesar

Otras noticias