Nahuel Sosa: "El lawfare sanitario con la judicialización de la pandemia hizo mucho daño"

Política

El asesor en la Jefatura de Gabinete de la Nación analizó cómo influye la pandemia en las elecciones y el voto popular y alertó por una "radicalización de la derecha", alentada con fake news y discursos del odio en las redes sociales.

Nahuel Sosa, sociólogo, abogado y asesor en la Jefatura de Gabinete de la Nación, analizó las estrategias electorales del oficialismo, las consecuencias de la pandemia en el voto, la reacción del Gobierno porteño ante la crisis sanitaria, la difusión de fake news para hacer política y de los discursos del odio, que alientan algunos partidos políticos y corrientes de libertarios por las redes sociales.

“Sectores de la oposición se han sumado a la radicalización de la derecha”, afirmó el docente de la UBA durante una entrevista con Ámbito. “En el PRO asumieron agendas políticas antiEstado, antivacunas y ligados a fomentar a discursos del odio”, advirtió. “Muchas veces la oposición hace política en base a las fake news”, completó.

Aquí, lo más destacado de la entrevista con Nahuel Sosa, referente del colectivo de pensamiento Agenda Argentina y el director del Centro de Formación Génera.

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Nahuel Sosa, de 32 años, es licenciado y profesor en Sociología de la UBA y director del Centro de Formación y Pensamiento Génera y miembro de Agenda Argentina. Es compilador y autor del libro
Nahuel Sosa, de 32 años, es licenciado y profesor en Sociología de la UBA y director del Centro de Formación y Pensamiento Génera y miembro de Agenda Argentina. Es compilador y autor del libro "Emergencia; repensar el Estado, las subjetividades y la acción política".

P.: ¿Cuánto influirá la pandemia en las próximas elecciones?

N.S.: La pandemia va a estar en discusión. Las sociedades actuales votan por muchos factores: valores, costumbres, tradiciones, expectativas, situación económica o sanitaria.

P.: ¿Cuáles cree que serán los ejes de la campaña del oficialismo?

N.S.: Los ejes serán el plan de vacunación, poner a la salud como el bien común; la unidad en la diversidad, que es uno de los mayores pilares de la gestión del Frente de Todos; la idea del Acuerdo Social, que lo plantearon tanto Alberto Fernández como Cristina Fernández en sus cartas, para convocar a la oposición a establecer ciertos acuerdos sociales, como un ‘Nunca Más’ al lawfare sanitario, un ‘Nunca Más’ a tomar una deuda de forma irresponsable como la que se tomó con el FMI. Lo que también se va a buscar es mostrar como un Gobierno en una situación de adversidad puso a la salud como derecho humano y no como una mercancía. Porque el plan sanitario también es un plan económico, porque frente a la pandemia se apostó a la reactivación económica con el IFE, el Repro, Precios Cuidados, la aplicación de la Ley de Abastecimiento, la Tarjeta Alimentar, aumentos a los jubilados, desarrollo de la industria 4.0 y podríamos seguir. Son medidas que en la absoluta adversidad se priorizó al conjunto y no a las elite.

P.: En este contexto, ¿qué espera del voto porteño?

N.S.: Más allá de que Juntos por el Cambio haya ganado en los últimos 15 años, la Ciudad de Buenos es profundamente progresista y hay posibilidades de que el Frente de Todos se la dispute electoralmente. Discutir qué Ciudad se quiere. En la pandemia se evidenció que el Gobierno porteño estuvo absolutamente ausente: no hubo un IFE porteño, ni ayuda a los pequeños comerciantes. En la Ciudad es imposible comprarse una vivienda propia, más del 30% alquila, los alquileres aumentaron más de 60% en un año y el Gobierno porteño dejó desregulado el mercado inmobiliario. Costa Salguero demostró lo que es pensar una Ciudad en función del negocio inmobiliario, y no pensada en función del hábitat, medio ambiente y el derecho a la vivienda propia. (Horacio Rodríguez) Larreta no convocó al diálogo en pandemia, ni a la oposición, ni a un consejo de expertos o científicos. Tampoco a ningún Consejo Económico y Social. Pusieron en el eje confrontar a los docentes, atacando permanentemente a la comunidad de maestros, y tampoco apostaron a la conectividad. No se pudo garantizar las clases virtuales porque es una Ciudad que desmanteló el Plan Sarmiento, que justamente garantizaba la conectividad. Por momentos parece una Ciudad distinta de Rivadavia al Norte y al Sur.

P.: ¿Por qué sostiene que se aplicó un lawfare sanitario?

N.S.: El punto de inflexión fue cuando Larreta judicializa la pandemia (N. del R.: por las clases presenciales), que establece lo que para mí es un lawfare sanitario. Nosotros sufrimos un lawfare político, con la persecución a dirigente populares, luego un lawfare económico con fallos judiciales que defendían a determinadas corporaciones y luego cuando Larreta apela el DNU por las clases presenciales establece un lawfare sanitario, que hizo mucho daño.

P.: ¿Por qué hizo mucho daño?

N.S.: Porque fue contrario a lo venía estimulando el Gobierno nacional, que construyó el Consejo Económico y Social, donde participan actores de todos los ámbitos de la vida institucional, para poder llegar a consensos sobre las políticas públicas de largo plazo, o cuando Alberto Fernández convocó a los 24 gobernadores de forma permanente para discutir todas las cuestiones sanitarias, o cuando se mandó al Congreso la Ley Pandemia para establecer criterios sanitarios de cuándo establecer la alarma sanitaria según el crecimiento de casos y criterios científicos, y que todavía la oposición no quiso votar. Frente a una falta de agenda política ciertos sectores de la oposición se han sumado a la radicalización de la derecha.

P.: ¿Cuánto aportan las redes sociales y los medios al lawfare sanitario?

N.S.: Actualmente estamos atravesando una etapa de fake news permanente e infodemia, que tiene que ver que con un sobrestock de noticias falsas o tóxicas sobre la pandemia. Un estudio de la Universidad de Harvard reveló que una fake news se viraliza hasta seis veces más rápido que una noticia verdadera. En un campo de capitalismo digital, que está profundamente oligopolizado por cinco o seis corporaciones digitales, la reproducción de las fake news colabora con los discursos de odio. Son algoritmos que permanentemente reproducen esos discursos.

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P.: ¿Y qué responsabilidad le cabe a la política?

N.S.: Muchas veces la oposición hace política en base a las fake news, de hecho han convocado a cacerolazos en base a fake news. Lo que termina siendo es que esa fake news ya no es una noticia falsa, sino que por el grado de reproducción en las redes sociales termina marcando una agenda política que no es cierta. Y esto es preocupante.

P.: ¿Es necesario que el Gobierno desmienta todas las fake news que se difunden o es mejor a veces dejarlas pasar?

N.S.: Depende el caso. Cuando alcanza un determinado grado que lastima lo que tiene que ver con el cuidado de la salud o el plan de vacunación, lo lógico es buscar información fidedigna, porque eso ya pone en riesgo a la población. En el campo político hay que buscar una agenda propia y entender que la comunicación es un derecho humano, que todos tenemos derecho a tener buena información y a producirla. Las campañas de demonización como las de (Jaime) Durán Barba que llegan por WhatsApp, con noticias y videos editados, no promueven una ciudadanía crítica, porque terminamos hablando de hechos que no existieron.

P.: ¿Cree que hay una radicalización de la derecha en Argentina?

N.S.: La idea de halcones y palomas en el PRO es una mentira, no existe. Los dos sectores son parte de una misma estrategia. Tanto Larreta como (Patricia) Bullrich forman parte de Juntos para el Cambio, que hoy lo lidera Mauricio Macri, y que han decidido formar parte de este proyecto de radicalización de las derechas, asumiendo agendas políticas antiEstado, antivacunas y ligados a fomentar a discursos del odio.

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P.: Entonces sí cree que hay una radicalización de la derecha…

N.S.: Si. Hay una radicalización a nivel global, como vimos con Donald Trump, Jair Bolsonaro o Vox en España, y también tiene un capítulo en la Argentina. No solo lo veo con los libertarios, sino en el PRO. Repiten un discurso que apuesta a la antipolítica, que no es lo mismo que la despolitización. Una cosa es una persona que no quiere involucrarse en política, y otra es una persona que se construye desde un supuesto lugar outsider, cuando en realidad son profundamente políticos. Tienen discursos tremendamente reaccionarios y agresivos contra los sectores populares o los feminismos. A diferencia del liberalismo clásico, con el que uno puede estar más o menos de acuerdo, que abogaba por la ampliación de los derechos civiles y políticos, acá parecen que son discursos que atentan contra esos derechos, contra la diversidad, las disidencias, los sectores populares.

P.: Uno de los objetivos de esos discursos, que tanto se replican en los más jóvenes, es el rol del Estado…

N.S.: De rebeldes no tienen nada. Son discursos rebeldes contra el Estado, pero profundamente disciplinados con el mercado. Por ejemplo, Javier Milei es una persona absolutamente obediente del establishment y, por lo tanto, ser rebelde cuando se es obediente del establishment no es una rebeldía. Las sociedades, como las juventudes, en momentos de adversidad o hechos traumáticos como los que vivimos con esta pandemia inédita, son situaciones de temor y muchas veces el temor es tierra fértil para que crezcan estos discursos de odio.

P.: ¿Y qué se puede hacer para detener estos discursos?

N.S.: El mayor éxito de un odiador es cuando su víctima también odia. Hay que oponerse pero no con más odio, sino por el contrario, con la política como salida. Discutir cómo salir con mayores niveles de solidaridad y respeto hacia al otro, que nadie se salva solo, y que la libertad no es la libertad de contagiarse, sino la libertad de trabajar y estar con el otro. Hoy la verdadera rebeldía pasar por cuidarse y por recuperar la idea de comunidad. Hoy lo rebelde es comprometerse con el que peor la está pasando.

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