¿Empezó Cristina a dejar de ser senadora?

Política

No se sabe aún si Cristina Kirchner será candidata a presidente de la Nación, pero lo que sí puede confirmarse es que ha comenzado a dejar de ser senadora. La actividad de la primera dama en el Senado se está espaciando desde hace tiempo. Es imposible obviar su ausencia, no sólo por la participación que siempre ha tenido en los debates en el recinto, sino también por las memorables reuniones de su Comisión de Asuntos Constitucionales. La primera dama ha brillado, para elogio o crítica de la oposición, sobre todo en la defensa de cuestiones clave para el gobierno, como la reforma al Consejo de la Magistratura, la reglamentación del uso de los decretos de necesidad y urgencia, la reducción de la Corte Suprema o los superpoderes permanentes al jefe de Gabinete. Pero todo eso parece haber acabado a la sombra de una estrategia para evitar involucrarla en temas conflictivos antes de las elecciones. En todas esas cuestiones no pudo evitar, nunca, cruzarse con la prensa.

Lo cierto es que esa imagen de luchadora de los manejos institucionales de su marido en el Congreso parece haber terminado.

Hace meses, quizás más de seis de acuerdo a cómo se mida, que la Comisión de Asuntos Constitucionales no se reúne. De hecho este año sólo lo ha hecho para dejar constituido ese cuerpo y renovar allí la presidencia de Cristina. Pero no hay más debates.

Eso supone que casi 100 expedientes que debieron pasar por esa comisión hoy estén a la espera. En esa lista se encuentran hasta la promocionada reglamentación del juicio por jurados, que el gobierno relanzó hace un año, aunque ya se había revitalizado cuando estuvieron tristemente de moda las leyes de Blumberg que el Congreso se apuró a tratar.

Entre los viajes internacionalesque el gobierno le organizó a la senadora -Rio de Janeiro, Ecuador y Venezuela, París, México y Nueva York- poco tiempo quedó para el Senado.

Sería ésa una primera lecturay bastante simplista de la cuestión. En el fondo Cristina Fernández no quiso quedar más expuesta a los debates violentos que protagonizó, por ejemplo, con los radicales Gerardo Morales o Ernesto Sanz en el recinto y mucho menos tener que hacerse cargo de proyectos políticamente antipáticos en su comisión. No es lo aconsejable para un año electoral que la puede tener como presidente.

¿Por qué no reunir la Comisión de Asuntos Constitucionales, entonces, con su vicepresidente, Marcelo Guinle, o el secretario, el propio Sanz? Imposible. Como en la película «Rebeca, una mujer inolvidable», ese castillo no será utilizado más que por su dueña, esté o no esté presente. Además, Guinle, aunque sea oficialista, ya no goza de la confianza de otros tiempos, y Sanz es directamente un opositor.

Por eso hace meses se le pidió a Miguel Pichetto que no se incomodara más a la jefa de Asuntos Constitucionales girándoleallí proyectos. Lo mismofue acordado con el área técnico legal de la Casa Rosada. Es decir, que no haya excusas para tener que reunir Asuntos Constitucionales por alguna emergencia, ya bastantes expedientes anteriores se encuentran demorados.

En el recinto se verifica una conducta similar. Es cierto que en las últimas sesiones pudo verse en ocasiones a Cristina ocupando su banca, inclusive ha votado algunas leyes, pero en minutos se retira.

Ya no habla, no pide más la palabra, imposible de pensar para quien ocupó hasta tres horas de sesión en un discurso como miembro informante,gracias a que se le había liberado el tiempo reglamentario. Se extrañan las discusiones casi a los gritos con Morales en el recinto y con Sanz en su comisión.

Claramente se comporta la senadora y presunta candidata como quien tiene que realizar tareas mucho más importantes que las que pasan por el Senado. Mucho más que involucrarse en temas escabrosos, como cuando llegó, sin saber ella por qué, a su comisión una expropiación de terrenos al sindicalista José Pedraza por los que ese sindicato cobraría $ 12 millones del Estado, que luego la oposición denunció que ya eran terrenos fiscales. Cristina en ese caso defendió al gobierno, pero luego, cuando el debate se acalló, el proyecto fue retirado del Senado.

Son demasiados riesgos en un cuerpo que hoy sólo busca justificar el normal juego de la democracia, pero que no puede tener un funcionamiento cotidiano. Hace dos semanas llamaron a las corridas a los senadores para votar la autorización para el ingreso de tropas estadounidenses y de otros países para el ejercicio UNITAS. En medio de la campaña eso fue demasiado esfuerzo y ahora habrá vacaciones por un tiempo.

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