30 de agosto 2005 - 00:00

"En el pacto están los radicales" (Solá)

Lo había denunciado la semana pasada, pero quedó desdibujado por la advertencia de «boicot» que hizo Néstor Kirchner. Por eso, ayer, Felipe Solá volvió a plantear que, al igual que en todo el país, en la provincia de Buenos Aires hay una conspiración contra el gobierno.

Cambió los actores. En vez de Carlos Menem, Eduardo Duhalde y Luis Patti, el trío «complotado» según la versión presidencial, el gobernador dijo que existe un pacto entre el duhaldismo y la UCR bonaerense -al menos parte de ésta-para impedirle gobernar.

De inmediato, Solá se ganó la inquina -que viene alimentando desde hace meses-de duhaldistas y radicales. Y, llamativamente, tropezó con un dato inesperado: Kirchner eliminó de su discurso el capítulo complot, aunque Cristina Fernández lo retomó en un acto en Malvinas Argentinas.

Se plegó, además, el ex radical, ahora kirchnerista, José Eseverri, que respaldó el planteo del gobierno sobre la existencia de una entente PJ-UCR. También se sumó el ministro de gobierno bonaerense, Florencio Randazzo. «El gobernador no hace más que denunciar un hecho de la realidad que viene dándose desde hace tiempo.»

En tanto, un contingente de dirigentes bonaerenses ligados a Duhalde y al radicalismo oficial respondió -más con ironía que con furiaa las afirmaciones del gobernador.

Moreau
lo acusó de padecer «el síndrome de la debilidad» y a la aspiración «no resuelta de construir poder propio». El diputado radical dijo, en esa línea, que la carrera política de Solá «está hecha sobre la base de vivir de prestado».

• «Mal gobernador»

Storani, a su vez, afirmó que la denuncia del mandatario es consecuencia de que «a quienes no les van las cosas como pensaban desde el punto de vista electoral necesitan provocar una polarización mayor». Es, completó el dirigente platense, «un hombre que tiene muy poca autoridad y un mal gobernador».

Patti
, a su vez, aprovechó para reprocharle a Solá que en la provincia «no funciona nada, no hay gobierno, se la pasan en campaña». Hay que hacer un poco de historia para decodificar la denuncia de Solá. Refiere a un tema puntual: la demora en la aprobación del pliego de Gustavo Lopetegui como presidente del Banco Provincia. Tiene parte de razón: para Solá, la Legislatura es un continuo dolor de cabeza.

Pero desde hace un mes, ese nombramiento deambula, sin brújula y a los tumbos, por el Senado provincial donde el PJ tiene mayoría. Y, a esta altura, parece difícil que el pliego de
Lopetegui sea siquiera tratado. Solá lo negará, pero ya empezó a sondear otros nombres para presidir el banco.

¿Podría volver, a menos de un mes de irse por diferencias gruesas con otros ministros,
José María González Fernández? O, si esa opción no prospera, ¿el cargo que ocupó Jorge Sarghini podría ser en el futuro el sitio del ministro de Economía, Gerardo Otero?

• Emulación

Por lo pronto, Solá puso en marcha el operativo Veto II, emulando la mecánica que usó en enero para denunciar al duhaldismo por no votarle el Presupuesto lo que, decía, paralizaba la provincia. Ahora dirá que el «complot» paralizará el funcionamiento del Banco Provincia.

Hubo, la última semana, un evento que disparó la sospecha de Solá. Los senadores de la UCR, encabezados por
Graciela De Leo, anunciaron que no votarían el pliego de Lopetegui. Motivo: un presunto giro de remesas al exterior del país por 162 mil dólares.

Ese hecho -que luego
Lopetegui dijo que había traído para comprar una propiedad, no enviado-, más la inhibición registrada en el Banco Central y dos causas judiciales iniciadas, terminó de volcar la posición radical en contra del ex ministro de la Producción.

Más allá de los argumentos de la UCR,
Solá sorteó un detalle, quizá sutil para el gran público: De Leo y la mayoría de los senadores radicales están enfrentados a Leopoldo Moreau y a Federico Storani, a quienes el gobernador señaló como partícipes del complot en su contra.

Miró, en cambio, un hecho inocultable: hace años, la UCR que responde a
Moreau y a Storani mantiene vínculos -políticos, clarocon el duhaldismo más estrechos de lo que supone una oposición partidaria. Es, se atajan, una práctica propia del bipartidismo.

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