El contenido al que quiere acceder es exclusivo para suscriptores.
• El Presidente y su equipo han conseguido que toda la dirigencia política, incluido el adormilado menemismo, esté enredada en una discusión técnica acerca de si habrá una, dos o más candidaturas del PJ. Casi nadie advierte, al menos en público, que Duhalde, acompañado por peronistas insospechados como Manuel Quindimil, Carlos Juárez y Antonio Cafiero (sospechosamente desaparecido de escena), acaba de dividir al «movimiento». Esto es lo que sucedió cuando los Kirchner anunciaron que competirán por afuera del partido contra Carlos Menem y Adolfo Rodríguez Saá. El matrimonio patagónico se separará del partido con el poderoso peronismo bonaerense a sus espaldas y también con la representación de otros distritos, en general pequeños. Sólo esta noticia ocuparía la tapa de todos los diarios si el contexto fuera otro. Pero en el estado de embotamiento en que se mueve la dirigencia argentina y gracias al estimulante silencio que aplica el gobierno en la prensa a través del señor Carlos Ben, esta noticia pasa como una discusión de legislación electoral. En rigor, se están formando dos bloques políticos para que compitan entre sí en una elección general. Nada autoriza a suponer que más tarde la fractura vuelva a soldarse, como si se tratara de una interna. Los odios que germinan en una competencia como ésta, en la que no se disputan candidaturas, como en una pelea doméstica, sino el poder en sentido absoluto, se mantienen por largo tiempo y no sólo en la cúpula sino en el entramado nacional de la fuerza que se rompe. El fenómeno se volvería más virulento si, finalmente, el partido queda fuera del poder, algo que no está descartado que suceda (bastaría que el ballottage no se dé entre dos peronistas y que el que participe de esa corriente, pierda).
• La segunda decisión de Duhalde también es inédita y enorme. Ha resuelto que, a través de un congreso, el PJ decida su abstención en las próximas elecciones presidenciales. Es decir, que el principal partido de la Argentina se autoinflija una marginación del proceso electoral que en otras ocasiones le era impuesta por sus verdugos (como entre 1955 y 1973), obligando a la dirigencia partidaria a camaleonarse en movimientos provinciales como el Popular Neuquino, por citar un ejemplo.
• Si no optar por lo anterior en el congreso partidario del próximo 24, el Presidente hará algo igualmente notorio: retornar a la etapa prerrenovación del PJ, cuando los candidatos se elegían por un congreso. Es casi una broma que Duhalde haya denominado «renovación» a una movida cuya primera jugada es suprimir la participación de los afiliados en la interna y sustituirla por un congreso de dirigentes. ¿Será por eso que desapareció Cafiero, que tanto se opuso a la misma práctica de la «ortodoxia» de los '80?
Dejá tu comentario