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7 de agosto 2018 - 10:15

En un embrión hay vida, pero no es una persona

La ley busca evitar las muertes producidas por abortos clandestinos y partos forzados, pero también generar un gran cambio desde lo simbólico. Le dirá a la sociedad que nadie tiene derecho a tutelarnos.

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Stella Maris Manzano
Por Stella Maris Manzano*

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Apoyo el proyecto de ley de interrupción voluntaria del embarazo, fundamental para la justicia, la equidad de género y la libertad de las mujeres, tanto desde mi profesión como por mis convicciones. Como médica, porque veo diariamente mujeres que pueden morir no sólo por los abortos clandestinos sino también en partos forzados, hecho que me llevó a pensar que es inmoral obligar a una mujer a parir a riesgo de su propia vida, ya que incluso en los países desarrollados siguen muriendo mujeres en los alumbramientos. De hecho, un parto es muchísimo más peligroso que un aborto.

También lo apoyo como feminista, porque tener un hijo implica responsabilidad, garantizarle una buena vida, estudios, y cuidados. Para algunas mujeres, esas tareas remiten al fin de un proyecto de vida. Por ejemplo, muchas adolescentes tienen que dejar de estudiar, y por ende entran en un circuito de pobreza no sólo ellas, sino que también sus hijos. Esas mujeres tienen derecho a tener una buena vida y a decidir si quieren ser madres y cuando. Tampoco estoy de acuerdo con que todas las tareas de cuidado hayan caído sobre nosotras, creo que los hombres tendrían que compartirlas de igual a igual y que el Estado debería colaborar con guarderías. Pero aún no hemos visto este panorama, entonces hay que legislar para el momento actual. Y en la actualidad, cuando nace un niño por un embarazo no planificado, la mujer queda sola.

A su vez, como feminista también sostengo que es totalmente inhumano pedirle a una mujer o una niña que si no quiere tener un hijo, lo tenga para regalarlo a otros; esto es tratarla como esclava, hacerla parir para la sociedad, parir para otros a riesgo de su propia vida.

Hace una década atrás, las muertes por abortos clandestinos alcanzaban las 100 por año. Desde que se empezó a aplicar el Protocolo de Aborto No Punible y a respetar el Código Penal, los decesos se redujeron a la mitad. Durante 2012 hubo 33 decesos, el año en que fallecieron menos mujeres por esta causa. Pero insisto en que no sólo debemos hablar de estos decesos, sino también de las mujeres que mueren en partos forzados. De hecho, fallecen 300 mujeres por año en el país por complicaciones en el embarazo y nadie cuenta si todas ellas han optado por ese camino o les negaron un aborto. Por otra parte, se debe tomar en cuenta que el solo hecho de ser adolescente (una etapa en la que la gran mayoría de los embarazos suelen ser no planificados) triplica las chances de morir durante el parto.

Si se comparan las 300 mujeres fallecidas con los 40 millones de habitantes, podrían parecer pocas. Pero en realidad son muchísimas, porque a esa edad no suelen ocurrir con frecuencia fallecimientos en mujeres y niñas. Si desglosamos por edad y sexo, observamos que la tercera causa de muerte de niñas de 10 a 14 años en el país son las complicaciones del embarazo y que el 80% de ellas muere en los partos o postpartos. Y si tomamos el grupo de entre los 15 y 34 años, es la cuarta causa de muerte en mujeres jóvenes.

Escucho con mucho enojo a los fundamentalistas decir que más vale tener que prevenir las enfermedades cardiovasculares o el cáncer de mama, pero esas son dolencias que matan a los mayores. Todos falleceremos en algún momento, pero lo injusto es que personas jóvenes mueran por causas evitables. Porque un aborto hecho con misoprostol prácticamente no tiene riesgos, algo que se comprobó en países como Uruguay y México. De hecho existe un meta análisis que contabiliza que sobre 20 millones de abortos medicamentosos no hubo ninguna muerta. Y el riesgo de un aborto quirúrgico es de 0,5 cada 200 mil, es decir menos de una muerte cada 200 mil prácticas.

Cabe aclarar que un feto o un embrión crece dentro de una mujer y depende en un 100% de ella. Es decir, hay vida, pero no una persona. Nadie se entera si una mujer abortó o no a lo largo de su vida, pero cuando muere una niña de 9 a 12 años, hay una familia que sufre, o cuando fallece una madre que deja huérfano a otros cinco hijos, esos chiquitos tienen cuadruplicado el riesgo de morir en la infancia. Incluso hay otros estudios que dicen que esos chiquitos tienen 10 veces más peligro de deceso.

Por último, quiero expresar que esta ley llegará para poner fin a la desigualdad, porque hasta las 14 o las 12 semanas, la mujer no irá presa. Entonces, en los hospitales se va a proveer la medicación gratuitamente, y si ésta llegara a fallar, se facilitará la aspiración endouterina para que el aborto sea quirúrgico.

Por más que haya médicos objetores de conciencia que dificulten el acceso a esta práctica, al no estar penalizada, la mujer podrá pedir ayuda solidaria a otras mujeres que podrán asesorarla. Además esta ley producirá un gran cambio desde lo simbólico, porque le diremos a esta sociedad que somos ciudadanas de pleno derecho, que no tienen derecho a tutelarnos, que no tienen derecho a decidir sobre nuestro cuerpo y sobre nuestras vidas, que nuestras vidas valen igual que la de los hombres.

*La doctora Stella Maris Manzano (M. P. de Chubut 1151) es médica tocoginecóloga con dedicación exclusiva en el Hospital Zonal de Trelew, integrante de la Campaña por el Aborto Legal, Seguro y Gratuito y miembro de la Red de profesionales de la salud por el derecho a decidir.

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