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El encuentro lo organizó la fundación Libertad, uno de los institutos más dinámicos de este tipo de orientación con que cuenta la Argentina y que anima Gerardo Bongiovani. La concurrencia fue muy variada, y llamó la atención no sólo por la calidad de los participantes, sino por su peso político: de un modo u otro, personalmente o a través de algún delegado, estuvieron todos los candidatos a presidir el país desde ese sector que, por comodidad verbal, se denomina centro-derecha.
Entre los concurrentes estuvieron dirigentes políticos como Ricardo López Murphy, Patricia Bullrich, Esteban Borgonovo, Angel Baltuzzi o Pablo Walter, economistas como Adolfo Sturzenegger, Roberto Cachanovsky, Manuel Solanet y Miguel Angel Broda, y consultores como Manuel Mora y Araujo, Rosendo Fraga, Roberto Starke, Marcos Victorica, Roberto Cortés Conde, Vicente Massot o Enrique Morat. Entre los más de 70 asistentes había también representantes de fundaciones políticas de diversas provincias.
En un debate destinado a la discusión política, Jorge Castro, Starke y Victorica contestaron a los del panel de economía que «no habrá solución económica posible si no se constituye un liderazgo y se lo rodea de un consenso que haga viables las decisiones del Palacio de Hacienda». Castro, reconocido menemista, propuso que se dé por existente el liderazgo, que lo provee inevitablemente el PJ. La misión de los sectores nuevos que se agrupan en el «centro-derecha» sería articularse con ese movimiento para renovarlo e infundirle contenido. Si se recorrían las mesas, era evidente que el ex periodista no estaba desacertado, sólo que el favorito del sector parece ser Carlos Reutemann -quien envió a dos de sus espadas-y no Menem. La postura de Castro, como se verá, enojaría a la Bullrich durante el almuerzo del sábado.
Otro trío, que integraron Fraga, Massot y Morat, se animó a pronosticar lo que sucederá en el mediano plazo. Fraga, por ejemplo, dijo que antes de fin de año habría elecciones y que -siempre amante de las comparaciones-los candidatos concurrirían a las urnas con la agenda del colombiano Alvaro Uribe: seguridad, hambre e inserción internacional (en rigor, es la agenda de cualquier país del tercer mundo).
Para la mayoría de los asistentes, la presencia de la Bullrich llamaba la atención por aquello de que «fue montonera y ahora está con nosotros». Sin embargo, lo que verdaderamente causa asombro es ver a López Murphy en ese ambiente, en general compuesto por conservadores: como se sabe, nada más en las antípodas que un boina colorada con un boina blanca como el ex ministro Ricardo Hipólito, hijo y nieto de radicales de la provincia de Buenos Aires.
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