Entre choripanes y con aire de carnaval
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La escenografía de la
Plaza de Mayo se preparó
con anticipación y el aporte
de cotillón del sindicalismo,
como globos estilo zepelín.
También se dejó lugar
para los vendedores
ambulantes de choripanes
y otros productos de
venta tradicional
en manifestaciones.
Así apareció la Plaza al mediodía, hasta que comenzaron a llegar las distintas agrupaciones movilizadas por el gobierno. Piqueteros, sindicalistas, políticos. Toda la militancia que se acostumbra en estas ocasiones. Madres con niños o bebés en carritos, ancianos, jóvenes, que bajaron de micros estacionados en la avenida 9 de Julio, la arteria que más sufrió el colapso en el tránsito, ya que, cerca de la Plaza no hubo cortes que hiciera la Policía. Sólo detuvieron a los automovilistas el desfile de los activistas y la precaución de no ingresar a la zona de la Plaza de Mayo.
No había, como en las últimas manifestaciones, policías cerca de los manifestantes. Recién se los vio en la avenida Belgrano, que también sirvió para el estacionamiento de algunos micros.
En Florida y Diagonal Norte, los judiciales, desde temprano arengaban con un altavoz montado en una combi: «La leche derramada no será negociada» y otras paráfrasis de consignas setentistas tal como «retenciones sí, pobreza no». Todo acompañado por el estribillo: «Qué bolu... el cacerolazo se lo meten en el cu...».
Suele ocurrir en esta ocasiones, por otra parte, que la superficie de las banderas pocas veces se condice con el volumen de la columna que la lleva, pero las hubo en abundancia. Casi una gigantografía, sobre azul brillante, con letras blancas una promovía « Cristina presidente-Scioli gobernador».
Las hubo de la CTA, del Partido Comunista junto a las de Barrios de Pie y Libres del Sur, las multicolores de los pueblos originarios de Latinoamérica, las de todos los sindicatos oficialistas, las negras con letras rojas de la JP y algunas que más que banderas ya parecían manifiestos de curiosa filosofía: «La única forma de transformar la realidad es apropiarnos de ella» (Frente Transversal de Capital Federal). Pero, si no hubo previsión, también se podían adquirir banderas y cornetas celestes y blancas, en la calle, casi en las puertas del Palacio Municipal.
Entre esa multitud de variadas procedencias, también se vieron disfraces, como uno de gorila, con pelaje, negro y reflejos canos y un coro que entonaba: «Hay que parar a los gorilas de la Sociedad Rural».
Sorprendió que, aún sin terminar el discurso de la Presidente, con un nubarrón sobre la Plaza, muchas agrupaciones emprendieron la retirada, con el sabor del deber cumplido, seguramente (ver nota aparte). Otras guardaron para el final algún show, como los sindicalistas de Víctor Santa María (porteros) que hicieron estallar un artefacto pirotécnico que lanzó miles de papelitos del tamaño de medio boleto de colectivo con la inscripción «SUTERH -trabajadores de edificios».




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