Esa sensación de incomodidad se notó en las crónicas sobre la marcha de piqueteros del miércoles pasado. La crítica se mezcló con una indisimulable simpatía por tener masas a favor.
Esa simpatía por mostrar a los piqueteros como buenos pero algo traviesos se refleja en «Página/12» cuando se relata un episodio frente a la sucursal de Farmacity en Avenida de Mayo ese día:
«Clarín» -otro medio comprometido con el gobierno, por lo menos hasta que le renueven la licencia de «Canal 13», que vence en enero próximo-contó también risueñamente cómo custodios piqueteros con palos interrogaron y exigieron el carnet a uno de sus periodistas para explicar por qué estaba en una vereda. Lo mismo -dice «Clarín»- a dos obreros de Metrovías. ¿En qué país del mundo alguien que no sea un policía le puede pedir identificación a un transeúnte y hacerlo armado con un palo?
Para «Página/12» todo comentario crítico sobre el problema de los piqueteros y la extrema izquierda en las calles es una exageración: la violencia en las manifestaciones siempre es provocada por la Policía, sostiene. Claro, ahora no puede decir por «los servicios», porque son del mismo palo. Los manifestantes piqueteros, dice, son buenazos como el que, relata, se tropezó con una señora que quería salir rauda del centro protestando contra los subsidios a piqueteros:
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