¿Es posible generar trabajo cuando la Justicia es parte del problema?
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Resulta claro que para algunos magistrados el sentido de justicia y razonabilidad no está comprendido dentro de sus criterios de juzgamiento, sino que priman sobre ellos la ideología, el apetito mediático o la aplicación abstracta de la Ley sin detenerse en sus efectos prácticos y consecuencias en la realidad.
En efecto, se torna inaudito que aún se hable de la generación de empleo como si los empleadores fuesen fábricas de empleo, tuviesen por fin último la generación del mismo. ¿Acaso nadie aún ha comprendido que la generación de empleo privado no es un fin sino una consecuencia de la productividad empresaria? Es absolutamente natural y saludable que se genere empleo, pero no que se lo invente. Los empleadores generan empleo cuando su actividad económica impone la necesidad de incorporar trabajadores a su modelo de negocios, no cuando se discute con representantes sociales o sindicales el mantenimiento de puestos de trabajo. Insisto, no es sano negociar en base sobre la base del mantenimiento de puestos de trabajo. Lo que debemos hacer es generar actividad económica que impulse la creación de empleo ya que lo otro es la ficción por la ficción misma.
¿Se fabrican en algún lugar del mundo sindicatos, empleos, juicios? Lo que el mundo piensa es cómo ser más eficiente, productivo y próspero y de ese modo se obtienen los niveles de ocupación, calidad de vida, educación y seguridad deseados.
Pareciera que ya todos han olvidado las previsiones de la Ley 25.561, que en su artículo 16 disponía la suspensión de los despidos y para aquel que osara desoírla, disponía la duplicación de las indemnizaciones.
Dicha ley, sancionada el 6 de enero de 2002, lejos de evitar despidos y fomentar la generación de empleo, no pudo siquiera sostener el vergonzoso y doloroso nivel de desempleo de dichos días, que según el Ministerio de Trabajo rozaba el 18%.
Debemos volver a la lógica, esa que desde tiempos de Sófocles, Aristóteles o Platón no ha cambiado: una causa impone determinado efecto, que en condiciones inalteradas y por mucho que se repita siempre producirá el mismo efecto.
Temo que el déficit actual no es solo fiscal ni de balanza comercial sino que se ha extendido a la calidad legislativa y judicial en materia laboral ¿No puede proponerse al legislador que en lugar de echar mano a herramientas que fácticamente ya nos han demostrado su ineficacia, piense en algo nuevo? Pareciera que nadie advierte que por cada $1.000 que se pagan de salario en la Argentina, en promedio sólo $780 llegan netos a bolsillos del trabajador e implican para el empleador aproximadamente $1.470.
Es ese diferencial entre sueldo neto y erogación total del empleador lo que se define como "costo laboral directo". Podría esta sociedad sugerir al legislador que piense cómo optimizar este costo laboral directo de modo que el mismo sirva para mantener y/o fomentar el empleo. ¿Cómo es posible que mientras se evidencian temores ante los riesgos de no poder sostener los puestos de trabajo se exijan (no negocien) aumentos salariales de envergadura?
Se fomenta el empleo y la inversión directa cuando las reglas de juego resultan coherentes, actuales y sostenidas en el tiempo. Jamás se ha visto en la historia moderna crecimiento económico ni expansión del empleo si no dan las condiciones antes señaladas.
| (*) Especialista en Derecho del Trabajo por la Pontificia Universidad Católica Argentina. |




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