17 de julio 2017 - 15:54

¿Es posible generar trabajo cuando la Justicia es parte del problema?

Resulta increíble que adentrados en el nuevo milenio los argentinos continuemos tozudamente discutiendo o luchando contra la lógica más elemental. Es que no resulta necesario ser especialista en Derecho del Trabajo y ni siquiera abogado para comprender que un mecanismo produce un resultado determinado y que por mucho que lo repitamos la consecuencia o resultado continuará siendo el mismo.

¿Acaso es posible inflar un globo con solo mirarlo fijamente? ¿Qué sucedería si lo miramos fijamente una y mil veces? ¿Acaso se inflaría?. Esto se llama lógica y a estas alturas, parece alejarse del Derecho, de la pobrísima técnica legislativa de nuestros días y hasta incluso de pronunciamientos judiciales en el fuero del Trabajo.

Lamentablemente, asistimos a la dramática tragedia griega que representan parte de nuestros magistrados, abogados y referentes con responsabilidad social incuestionable; nuestros legisladores, a los que hemos elegido para legislar en pos de atender nuestras necesidades actuales y perspectivas futuras. Tristemente advertimos cómo unos y otros simulan debates que no son tales con tal de enmascarar intencionalidades partidarias cuando no personales. Por un lado nuestros magistrados, que sostienen expresar a través de sus sentencias la aplicación de "lo justo" en cada caso concreto y se limitan a aplicar la fría letra de la Ley sin medir consecuencias sociales, económicas ni detenerse en la virtud cardinal de la prudencia. ¿Qué nos queda a los abogados y referentes sociales si somos promotores de conflictos en lugar de colaborar en la composición y búsqueda de soluciones?

¿Acaso puede pasar inadvertido que durante 2016 se hayan cerrado entre 5.000 y 6.000 pymes en todo el país y que su actividad económica esté frenada por efecto de los juicios laborales? ¿Cómo puede resultar atractivo para la generación de empleo que se hayan incrementado en un 50% los juicios por accidentes de trabajo en tan solo un año? ¿Acaso todos los empleos se han vuelto un 50% más riesgosos? La responsabilidad es clara, todos somos relativamente culpables al no aportar soluciones.

Es que no resulta admisible que bajo la excusa de la paz social se haya dispuesto la reincorporación judicial de diez trabajadores a su puesto de trabajo una vez que los mismos fueran despedidos por causar destrozos en el establecimiento y golpear a sus propios compañeros. Basta para ello recordar lo sucedido en la línea 60 de colectivos.

Es que no resulta apegada a la razón, a la lógica ni al Derecho que se imponga a una empresa ya sin personal el deber de reincorporar forzadamente (amén de una sentencia judicial) a un ficticio representante sindical, cuando en primera instancia dos fiscales han opinado en contrario. Basta para ello corroborar lo que la Justicia ha determinado en el caso del portal digital minutouno.com.

Resulta claro que para algunos magistrados el sentido de justicia y razonabilidad no está comprendido dentro de sus criterios de juzgamiento, sino que priman sobre ellos la ideología, el apetito mediático o la aplicación abstracta de la Ley sin detenerse en sus efectos prácticos y consecuencias en la realidad.

En efecto, se torna inaudito que aún se hable de la generación de empleo como si los empleadores fuesen fábricas de empleo, tuviesen por fin último la generación del mismo. ¿Acaso nadie aún ha comprendido que la generación de empleo privado no es un fin sino una consecuencia de la productividad empresaria? Es absolutamente natural y saludable que se genere empleo, pero no que se lo invente. Los empleadores generan empleo cuando su actividad económica impone la necesidad de incorporar trabajadores a su modelo de negocios, no cuando se discute con representantes sociales o sindicales el mantenimiento de puestos de trabajo. Insisto, no es sano negociar en base sobre la base del mantenimiento de puestos de trabajo. Lo que debemos hacer es generar actividad económica que impulse la creación de empleo ya que lo otro es la ficción por la ficción misma.

¿Se fabrican en algún lugar del mundo sindicatos, empleos, juicios? Lo que el mundo piensa es cómo ser más eficiente, productivo y próspero y de ese modo se obtienen los niveles de ocupación, calidad de vida, educación y seguridad deseados.

Pareciera que ya todos han olvidado las previsiones de la Ley 25.561, que en su artículo 16 disponía la suspensión de los despidos y para aquel que osara desoírla, disponía la duplicación de las indemnizaciones.

Dicha ley, sancionada el 6 de enero de 2002, lejos de evitar despidos y fomentar la generación de empleo, no pudo siquiera sostener el vergonzoso y doloroso nivel de desempleo de dichos días, que según el Ministerio de Trabajo rozaba el 18%.

Debemos volver a la lógica, esa que desde tiempos de Sófocles, Aristóteles o Platón no ha cambiado: una causa impone determinado efecto, que en condiciones inalteradas y por mucho que se repita siempre producirá el mismo efecto.

Temo que el déficit actual no es solo fiscal ni de balanza comercial sino que se ha extendido a la calidad legislativa y judicial en materia laboral ¿No puede proponerse al legislador que en lugar de echar mano a herramientas que fácticamente ya nos han demostrado su ineficacia, piense en algo nuevo? Pareciera que nadie advierte que por cada $1.000 que se pagan de salario en la Argentina, en promedio sólo $780 llegan netos a bolsillos del trabajador e implican para el empleador aproximadamente $1.470.

Es ese diferencial entre sueldo neto y erogación total del empleador lo que se define como "costo laboral directo". Podría esta sociedad sugerir al legislador que piense cómo optimizar este costo laboral directo de modo que el mismo sirva para mantener y/o fomentar el empleo. ¿Cómo es posible que mientras se evidencian temores ante los riesgos de no poder sostener los puestos de trabajo se exijan (no negocien) aumentos salariales de envergadura?

Se fomenta el empleo y la inversión directa cuando las reglas de juego resultan coherentes, actuales y sostenidas en el tiempo. Jamás se ha visto en la historia moderna crecimiento económico ni expansión del empleo si no dan las condiciones antes señaladas.



(*) Especialista en Derecho del Trabajo por la Pontificia Universidad Católica Argentina.

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