ESMA: piden reclusión perpetua para Astiz y el "Tigre" Acosta

Política

La Secretaría de Derechos Humanos de la Nación pidió que Alfredo Astiz, Jorge "Tigre" Acosta y otros diez integrantes del grupo de tareas de la ESMA sean condenados a "reclusión perpetua" por el secuestro, tortura y homicidio de los miembros del grupo de la Iglesia de la Santa Cruz, ocurrido el 8 de diciembre de 1977.

Todos ellos fueron acusados por los delitos de "privación ilegitima de la libertad agravada por ser cometida por un funcionario público", "tormentos agravados" y los "homicidios" de cinco de las doce víctimas, cuyos cuerpos fueron recuperados tras haber sido arrojados al mar.

El pedido de las penas -el máximo que contempla el Código Penal Argentino- fue formulado por el abogado querellante Martín Rico, al término de un alegato en el que sostuvo que todos los acusados "conocían que actuaban en un campo de concentración destinado al exterminio de los detenidos".

A los pedidos de Astiz y Acosta se suman los solicitados contra los miembros del grupo de Tareas GT. 3.3.2 Antonio Pernías, Raúl Scheller, Juan Carlos Rolón, Julio César Coronel, Juan Carlos Fotea, Ricardo Miguel Cavallo, Néstor Weber, Jorge Radice, Néstor Savio y Alberto González.

El representante gubernamental pidió que todos ellos sean condenados a la pena de prisión perpetua e inhabilitación perpetua por considerarlos "coautores de la privación ilegal de la libertad" de las doce víctimas, que incluye a las dos monjas francesas Alice Domón y Leonie Duquet, junto al primer grupo de mujeres que reclamaba por sus hijos desaparecidos y del que surgiera luego las Madres de Plaza de Mayo.

Además se los acusó de tormentos agravados por el grado de indefensión de las víctimas y se pidió que las penas sean de cumplimiento efectivo, en cárcel común.

Los doce acusados se encontraban en la sala y, al término de la audiencia, sus abogados increparon al equipo de filmación del INCAA que los enfocó a medida que Rico solicitaba las penas.

"Nunca más pero nunca menos", fue la frase final del abogado, que parafraseó al fiscal Julio César Strassera y que fue modificada por la agrupación HIJOS.

Las acusaciones por privaciones ilegales de la libertad agravada y tormentos están referidas al conjunto de las doce víctimas del grupo en el que Astiz se había infiltrado con seudónimo de Gustavo Niño, haciéndose pasar como hermano de un desaparecido.

Se trata de la fundadora de las Madres de Plaza de Mayo, Azucena Villaflor de Devincenti, de las dos monjas francesas, Eduardo Orane, Patricia Oviedo, Raquel Bullit, Horacio Elbert, Angela Auad, María Ponce de Bianco, María Esther Ballestrino de Careaga, José Fondevilla y Remo Berardo.

"Los miembros del grupo de tareas seleccionaban a sus víctimas y en este caso (el de la Santa Cruz) fueron marcadas por uno de ellos", en relación a Astiz, quien según varios testimonios identificó con un beso en la mejilla a quienes debían ser secuestrados, mientras otros señalaron que los identificó apuntado con unos billetes que tenía en la mano.

Rico denunció que los acusados "mantienen un seudo acuerdo de silencio" y que en su accionar "todos tuvieron plena determinación en el destino fatal que les esperaba" a sus víctimas, es decir, la muerte.

Asimismo, reprochó que "la Nación no arma a sus militares" para cometer este tipo de delitos, y remarcó que los acusados "actuaron libremente cuando decidieron secuestrar, torturar y asesinar".

El jueves de la semana próxima será el turno de los alegatos acusatorios al abogado Horacio Méndez Carreras en representación de los familiares de las dos monjas francesas y, a través de ellas al Estado francés, mientras que a posteriori lo hará Luis Zamora, por la familia de Careaga.

Esther Ballestrino de Careaga se unió al grupo de madres cuando buscaba dar con el paradero de Ana María Careaga, una de sus hijas que luego fue liberada, pero a pesar de ello nunca abandonó su participación en las reuniones en la Santa Cruz ni en la Plaza de Mayo, ya se que había comprometido a no hacerlo "hasta que aparezca el último desaparecido".

Sus restos fueron encontrados en el cementerio del Partido de la Costa, luego identificados por el Equipo Argentino de Antropología Forense (al igual que el de las otras cuatro personas encontradas), y sepultados en los jardines de la iglesia de San Cristóbal donde fueron los secuestros.

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