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El destituido capitán de la Armada Alfredo Astiz durante el juicio.
Los doce acusados se encontraban en la sala y, al término de la audiencia, sus abogados increparon al equipo de filmación del INCAA que los enfocó a medida que Rico solicitaba las penas.
"Nunca más pero nunca menos", fue la frase final del abogado, que parafraseó al fiscal Julio César Strassera y que fue modificada por la agrupación HIJOS.
Las acusaciones por privaciones ilegales de la libertad agravada y tormentos están referidas al conjunto de las doce víctimas del grupo en el que Astiz se había infiltrado con seudónimo de Gustavo Niño, haciéndose pasar como hermano de un desaparecido.
Se trata de la fundadora de las Madres de Plaza de Mayo, Azucena Villaflor de Devincenti, de las dos monjas francesas, Eduardo Orane, Patricia Oviedo, Raquel Bullit, Horacio Elbert, Angela Auad, María Ponce de Bianco, María Esther Ballestrino de Careaga, José Fondevilla y Remo Berardo.
"Los miembros del grupo de tareas seleccionaban a sus víctimas y en este caso (el de la Santa Cruz) fueron marcadas por uno de ellos", en relación a Astiz, quien según varios testimonios identificó con un beso en la mejilla a quienes debían ser secuestrados, mientras otros señalaron que los identificó apuntado con unos billetes que tenía en la mano.
Rico denunció que los acusados "mantienen un seudo acuerdo de silencio" y que en su accionar "todos tuvieron plena determinación en el destino fatal que les esperaba" a sus víctimas, es decir, la muerte.
Asimismo, reprochó que "la Nación no arma a sus militares" para cometer este tipo de delitos, y remarcó que los acusados "actuaron libremente cuando decidieron secuestrar, torturar y asesinar".
El jueves de la semana próxima será el turno de los alegatos acusatorios al abogado Horacio Méndez Carreras en representación de los familiares de las dos monjas francesas y, a través de ellas al Estado francés, mientras que a posteriori lo hará Luis Zamora, por la familia de Careaga.
Esther Ballestrino de Careaga se unió al grupo de madres cuando buscaba dar con el paradero de Ana María Careaga, una de sus hijas que luego fue liberada, pero a pesar de ello nunca abandonó su participación en las reuniones en la Santa Cruz ni en la Plaza de Mayo, ya se que había comprometido a no hacerlo "hasta que aparezca el último desaparecido".
Sus restos fueron encontrados en el cementerio del Partido de la Costa, luego identificados por el Equipo Argentino de Antropología Forense (al igual que el de las otras cuatro personas encontradas), y sepultados en los jardines de la iglesia de San Cristóbal donde fueron los secuestros.




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