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6 de mayo 2005 - 00:00

Esperable cruce de reproches por los fondos reservados

La saga de los sobresueldos cobrados por funcionarios con cargo a los fondos reservados del Estado alcanza ya el nivel clásico de muchos debates sobre lo inconfesable de la política criolla. Con el mismo tono que tienen las discusiones sobre los ovnis, algunos dicen haberlos visto, otros lo niegan, otros dicen haber sido transportados en ellos. El debate se traba cuando se dividen los testimonios en dos grupos de opinión: los que creen que los hubo y los que no lo creen, algo así como lo que ocurrió con los recordados y nunca probados sobornos pagados en el Senado por la ley laboral del año 2000. Esos pagos movilizan las declaraciones de funcionarios, ex funcionarios, arrepentidos y ex secretarios que vieron pasar valijas -algunos hasta reconocen haberlas llevado-. Nadie echa mano hoy de las justificaciones que se han escuchado para este tipo de prácticas que en realidad esconden la hipocresía de los dirigentes. Temen admitir cuánto necesitan para vivir, justifican a escondidas que haya pagos fuera de planilla para enmendar ese argentinismo de simular algo que no se es. Pero son débiles para recordarlo en público y promover las reformas para que los funcionarios cobren lo que deben cobrar. Enfrente están quienes atribuyen ilegalidad a trámites que son políticamente incorrectos pero tienen, en su mayoría, base legal tan fuerte que nadie hasta ahora ha logrado probar que fueran delito -más aún, se han justificado ahorros con cargo a esos pagos para eludir reproches por enriquecimiento ilícito-. Como ocurrió con los sobornos en el Senado, la discusión termina siendo sobre el sentido de las palabras que se usan; si el cobro fue un «sueldo», un «sobresueldo», un nuevo «sobre», una «partida secreta» o «reservada», o unos «gastos de representación», o unos «viáticos», etcétera. Entendible que a seis meses de las elecciones desde el poder se aliente el debate en la prensa porque arrincona a los dirigentes señalados por el «pontaquartismo» -la enfermedad de los arrepentidos criollos- que pertenecen en su mayoría a administraciones pasadas y hoy pueden ser adversarios en las urnas. Ese debate, además, le da aire a otro sector de la dirigencia argentina que construye su tarima con el patrullaje sobre la virtud ajena y encuentra abrigo en micrófonos y cámaras de TV para gritar su indignación -que nadie puede dejar de compartir- por lo inconfesable de la política. Aquí, una síntesis de lo más interesante para retener de tan frondoso, aunque quizás inconducente en cuanto a sanción de responsabilidades, debate.

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Elisa Carrió, Rodolfo Barra y Alberto Fernández

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