Espontánea protesta contra el gobierno: cacerolazo anoche en Capital y el interior
Una emergencia no imaginada. Al menos, por el oficialismo. A pocos meses de su validación electoral, Cristina de Kirchner y su esposo recibieron anoche la peor de las noticias: se levantó parte de la población porteña -en apariencia, adhiriendo a la protesta del campoy con todo tipo de elementos improvisó una batucada desde los balcones en zona norte que luego se extendió a las calles de diversos barrios con cacerolas y otro tipo de elementos sonoros. Por último, se empezaron a organizar marchas hacia la Plaza de Mayo. Lo mismo ocurría en otras ciudades, con más intensidad en la tormentosa Tucumán. Hasta hubo quienes fueron al domicilio privado de los Kirchner en la Capital, lugar que no habitan, para ensordecer al consorcio. Ocurría este proceso repentino, espontáneo, sin conducción ni preparaciónprevia, inclusive -al revés de otras experiencias pasadas contra Fernando de la Rúa y Adolfo Rodríguez Saá- sin siquiera la notificación que los medios televisivos debían comunicar. Hasta mucho después de una hora larga de iniciado el movimiento se bloqueó la información, parecían ignorar el cacerolazo desplegado en las calles (el primer medio en abrir los ojos fue Crónica TV). Si hubo obvio estímulo del duhaldismo para voltear a De la Rúa, también a Rodríguez Saá, en este caso no se advertía responsabilidad política alguna tras los manifestantes. Ni siquiera tampoco un propósito alocado para desalojar al gobierno: simplemente, se despertó una indignación por la reyerta con el campo, aunque naturalmente la queja parece expresar otro tipo de reclamos o sentimientos que poco tienen que ver con el aumento de las retenciones (¿inflación, estilos de conducción, desabastecimiento quizás?). También hubo cacerolazos en Olivos y refriegas con la Policía. A la medianoche se dio la intolerable presencia en Plaza de Mayo de Emilio Pérsico y Luis D'Elía lo que derivó en incidentes, corridas y heridos. Hacían recordar a la alianza de Guillermo Patricio Kelly en tiempos de Perón. Hay advertencias en ciernes que no conviene apartar. El jefe de Gabinete Alberto Fernández, algo compungido por el momento, anoche pedía un llamado general a la reflexión. Razonable. También hacia su interior debería requerir una reflexión: lo de ayer no es producto o capricho de un solo sector social ni siquiera la avanzada de una fracción política. Algo ocurre en la Argentina presuntamente dormida.
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Si bien la gente vinculada al campo había recibido mails y mensajes de texto que convocaban al cacerolazo de ayer a las 20, el discurso de Cristina de Kirchner (que finalizó a las 19.15) fue el detonante para la movilización en esquinas de Recoleta, siguiendo en Santa Fe y Callao y Belgrano. El inicio fueron algunos cacerolazos en balcones de Uruguay y Juncal, bendecidos por bocinazos de los automóviles que a esta hora volvían a sus hogares. Lentamente, los cacerolazos bajaron a la vereda y coparon la esquina. Allí se mencionaba que la frase que más molestó fue cuando la Presidente habló del «el piquetede la abundancia». A las 23.15 también la movilización se concentraba en la quinta de Olivos, donde la Presidente había llegado desde la Casa de Gobierno.
«No trabajo en el campo, pero es un sector que siempre apoyó al país. Los fondos para los Planes Trabajar se consiguieron gracias a ellos», sostuvo Julián, de 48 años, en Pueyrredón y Santa Fe.
En Juncal y Carlos Pellegrini lograron cortar la calle por unos minutos. Las bocinas de los autos acompañaban a los manifestantes en el ruido de las cacerolas. La esquina que mayor cantidad de gente convocó -hasta que se trasladaron a Plaza de Mayo- fue la de Santa Fe y Callao, donde se cortó totalmente el tránsito. Por la noche, barrios clásicos de clase media se sumaban a los piquetes. Así, unos 500 vecinos comenzaron a cacerolear en la tradicional esquina de Acoyte y Rivadavia.
También hubo manifestaciones similares en Martínez, Olivos y San Isidro, así como en Córdoba, San Miguel de Tucumán, Rosario, Suipacha, Chaco, Mar del Plata, Luján y Tandil. También en Rojas, Junín, Santa Teresa y Paraná.
Con carteles hechos en computadora en los que se leía «Estoy con el campo» y «El campo está de pie. No a las retenciones abusivas», Ricardo, de 23 años, y Pablo, de 26, de boinas azules en sus cabezas, explicaron que, como trabajadores del sector agrario, se ven en peligro de perder sus empleos. «No sólo perjudica a los productores. Si los costos no dan, no nos pueden pagar a nosotros», indicaron.
Obviamente, hubo quienes recordaron al cacerolazo del 19 de diciembre de 2001 en contra del ex presidente Fernando de la Rúa y reclamaban: «Queremos que se vaya Cristina».
«Acá cobran impuestos como si fuera un país del Primer Mundo y dan servicios como si fuera uno del Tercer Mundo», dijo enojado Saúl, de 42 años, en Juncal y Carlos Pellegrini.
Al son de quienes se manifestaban en contra del incremento de las retenciones estaban los que habían ido por estar molestos con el discurso presidencial de ayer. «El discurso de Cristina fue una burla total. La Presidente tiene que tomar conciencia del mal que le hace al pueblo. La soberbia es mala consejera», afirmó Graciela, de 45 años.





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