No sólo por pragmático, Néstor Kirchner comenzó a imponer un estilo propio a la Presidencia. Acostumbrado a la calma provincial, el sureño mudó a Casa Rosada una práctica inusual entre los presidentes: se traslada de un lado a otro sin custodia oficial y sin el clásico edecán militar.
El contenido al que quiere acceder es exclusivo para suscriptores.
Lo hizo el martes, al mediodía, cuando literalmente «desapareció». Sólo con su chofer, Kirchner se fue a su casa de Barrio Norte a almorzar frugalmente. Volvió para tomar un avión y viajar a Entre Ríos a atender el conflicto docente. Horas agitadas para sus custodios que no sabían el paradero de su protegido.
Ayer hizo algo parecido. Viajó a Formosa acompañado por dos ministros -Aníbal Fernández, de Interior, y Roberto Lavagna, de Economía-, su vocero Miguel Núñez, su secretario privado y un solo custodio. Otra vez, sin el equipo de Presidencia y el edecán.
Alguien, con enfoque negativo, podrá objetar que es riesgoso que un primer mandatario tome por costumbre trasladarse sin protección; expuesto. Otros observarán, con espíritu romántico, que es un gesto que equivale a suprimir la distancia entre el Presidente y la gente común.
Dejá tu comentario