Estreno oficial de Cristina
Oradora única, abrazada a la entelequia de «cambiar el cambio», Cristina Fernández debutará hoy en el Teatro Argentino de La Plata como candidata en un show culto a su personalidad que desató una guerra por los pases VIP. Tratada como «jefa de Estado», con videos emotivos y aplaudidores en las calles, la senadora abrirá el camino hacia octubre y, quizás, al retiro formal de Kirchner.
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Como en
2005,
cuando se
lanzó como
senadora por
Buenos
Aires,
Cristina
Fernández
eligió el
Teatro
Argentino de
La Plata.
Como
entonces,
Néstor
Kirchner y su
hijo Máximo
seguirán el
discurso
desde un
palco VIP.
Habrá, además, lugares reservados para organismos de derechos humanos y artistas, mientras que un ala se destinará al variopinto conglomerado K, que une extremos que van desde Hugo Curto a Humberto Tumini, y del salteño Juan Manuel Urtubey a Aníbal Ibarra.
Numerados, los pases para ingresar al teatro sembraron ayer rabietas y suplicios (ver aparte). No faltó quien blandió su billetera para lograr un ticket. Ejercicios para el hogar para analistas: ¿cuánto cotiza asistir al lanzamiento de una segura futura presidenta?
«Cristina presidenta, el cambio recién empieza» es el eslogan que eligieron los estrategas de la Casa Rosada que, obsesivos, anoche sólo se detenían en un detalle: la estética del acto de lanzamiento, lo que es lo mismo que decir cómo se verá por la TV.
Por eso, el discurso -que juran tener encriptado-casi es irrelevante. El «speech» se conoce y gira sobre la idea de «la continuidad del cambio», Kirchner por Kirchner. A su modo, recrea el concepto hermafrodita de que un organismo se reproduce a sí mismo.
Con ese enfoque sonará la promesa de inyectar pureza «institucional» -¿no implica reconocer que no lo hizo su esposo?y el compromiso de darle continuidad a la taquillera política de derechos humanos que Kirchner aplicó como presidente.
También, confiaban ayer en el gobierno, hablará de reforzar la línea económica pero con un sesgo de mayor industrialización y manteniendo una « fuerte política de obras públicas». El clásico «más justicia social» se mezclará con «apertura al mundo».
Aparecía difuso, sin embargo, el capítulo corrupción. No es buen momento para llenarse la boca de transparencia cuando, días atrás, Felisa Miceli tuvo que renunciar porque no pudo explicar el origen de una bolsa de dinero que había en su baño ministerial.
En las calles alrededor del teatro, las pantallas gigantes reproducirán con «delay» las palabras que marcarán la mutación de primera dama en candidata.
Llegada del conurbano -o del gran La Plata-para levantar la bandera del puntero de ocasión, la multitud que prometen los gremios y el peronismo en todas sus versiones podrá acercarse a Cristina sólo al final, cuando la candidata camine 150 metros saludando junto a Kirchner.
No estará suelta: con cobertura de «jefa de Estado» un contingente de custodios, efectivos de la Policía Federal (PF) y los habituales «veedores» de la SIDE, además de un ejército de uniformados de la Bonaerense, cuidarán los pasos de la flamante candidata.
En honor a la pretensión internacionalista -fue la excusa para visitar más de cinco países en los últimos meses-, el fin de semana, apenas unas horas después de su lanzamiento en el Teatro Argentino de La Plata, la senadora partirá hacia España en su primera gira como «candidata oficial».
Antes, estrenando su traje de postulante K, la senadora participará junto a su esposo de un acto en Puerto Santa Cruz, a unos 200 kilómetros de Río Gallegos. Fiel a su dualidad, lanzará su candidatura en Buenos Aires pero su primer acto «post» será en tierra santacruceña.




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