16 de febrero 2005 - 00:00

Excluyen a la Rueda, y Kirchner los prefiere gordos y cetrinos

Hugo Moyano, Juan Manuel Palacios y Susana Rueda.
Hugo Moyano, Juan Manuel Palacios y Susana Rueda.
Todo fue como el juego infantil de las escondidas. Al menos, ese contenido lúdico caracterizó ayer el itinerario de los sindicalistas de la CGT (en reuniones con el gobierno y con dirigentes de la Unión Industrial). Y esa actitud de ocultamiento, en rigor, sólo obedecía a una intención: evitar la presencia de la compañera en el triunvirato de la conducción en la central obrera, Susana Rueda, en cada uno de los encuentros.

Es que Hugo Moyano, José Luis Lingieri y Juan Manuel Palacios (casi un adjunto del jefe camionero y especie sucedáneo travestido de la Rueda) se olvidaron de notificar a la mujer (o directamente no la invitaron) para la reunión con el ministro de Trabajo, Carlos Tomada. Transcurrió la charla, basada en la discusión sobre la creación futura del consejo por el salario mínimo y vital, hasta que se indignó Moyano porque la Rueda, al enterarse del cónclave, intentó participar de la reunión. Para no rozarse siquiera con el elemento femenino que pretendía ingresar al grupo, tanto gobierno como jefes de la CGT optaron por suspender su propio debate y pasarlo a un cuarto intermedio. Es de imaginar el mal humor de las partes por concluir repentinamente la reunión, y debe constar también la serena indignación de la Rueda, quien nunca manifestó ni reveló la forma en que había sido postergada.

• Reunión secreta

Pero no fue el único apartamiento sufrido por la mujer en la jornada: los mismos jerarcas sindicales luego mantuvieron otro encuentro secreto con dirigentes de la Unión Industrial. Esta vez sin representantes del gobierno y planteando la iniciativa como un diálogo de 3x3 entre sindicalistas y empresarios, no institucional de las dos centrales. Para muchos -incluyendo a la candorosa Rueda-, el diálogo no se produjo; sin embargo, los mismos tres que visitaron a Tomada, más tarde -en un departamento céntrico- se concentraron con un trío de la UIA, Héctor Méndez (futuro titular), Juan Carlos Sacco y Héctor Massuh, uno de los más influyentes capitostes de esa organización.

Tanto secreto de empresarios y gremialistas por la tertulia pasa no tanto por excluir a la Rueda sino por celebrar un mínimo acuerdo de partes y, después, acercarlo al gobierno para que lo refrende. No desean, en apariencia, que sea la Administración Kirchner la que imponga pautas y agenda, como suelen asegurar que así será ciertos medios oficialistas. También, en este caso, los participantes concluyeron en un cuarto intermedio -la próxima semana se citarán ya en forma institucional y sin la presión de que la Rueda tratara de ingresar y firmaron los siguientes puntos a cerrar:

• acordar canasta y salario mínimo;

• establecer un básico vinculante sólo para los que menos ganan;

• los sectores discutirán más tarde otro tipo de asignaciones, premios o aumentos;

• fijar condiciones sobre «competitividad», que incluyan también el costo argentino: sea el energético, el financiero o las comunicaciones que también restan productividad;

• también analizar un informe sobre «trabajo en negro», tema que jurarán combatir pero sin saber aún qué armas utilizar.

En suma, este avance acuerdista entre UIA y CGT (al que se unirán otras organizaciones empresarias) apunta a sostener una institución sobre otra, servir al gobierno sin concederle el protagonismo, y con el fundamento de clausurar un salario mínimo (todavía sin plazo fijo de renovación) que nadie puede dejar de ganar pero con libertad para discutir en otras escalas. Y, sobre todo, lo que ambas agrupaciones pretenden es lograr un pacto marco para que no haya excesos en las discusiones salariales, como ha ocurrido hasta ahora (caso telefónicos, subterráneos o Banco Central), las comisiones internas no desborden a los sindicatos ni alteren cierta paz social en las empresas. Finalmente, para que no estallen paros imprevistos o demandas de 80% de incremento que luego se bajan a 19%. Como se verá, el mismo sueño que desvela a Roberto Lavagna en Economía, por no hablar de Kirchner a pesar de que a él no debe gustarle que su dama preferida de la CGT sea prescindida de todos estos eventos. Aunque si se consagra el gran acuerdo, al Presidente le van a gustar más los hombres, tal vez gordos y cetrinos como Méndez y Moyano.

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