El contenido al que quiere acceder es exclusivo para suscriptores.
En su autobiografía, «Mi vida», Clinton se autoelogia por el superávit fiscal de 500.000 millones de dólares, la disminución de la deuda y la creación sostenida de empleo. «Nos habíamos convertido en una sociedad más diversa, pero también más unida», evalúa como balance final de su mandato.
Más allá de los reparos que despierta el análisis del demócrata, la historia política de Clinton se torna valiosa por el notable contraste con las trayectorias de nuestros representantes. En un país como la Argentina, con políticos que se precipitan con candidaturas a destiempo, dispuestos a formar alianzas extravagantes ante la presunta inminencia del poder, la biografía de Clinton sobresale como un manual de construcción política en la que combina paciencia y osadía.
Es sabido que el ex presidente tenía varios defectos, pero le caben dos virtudes. De su historia política se destacan sus dotes para manejar los tiempos y aplicar el sentido común.
Salvo a la que identifica como «extrema derecha», racista y anquilosada en el pasado, que impulsó -según dice- el proceso de impeachment en su contra, en especial el fiscal
El centro puede no gustar. Es de hecho saludable la existencia de izquierda y derecha. Lo que es imperdonable es la obcecación, el apresuramiento, el consignismo y el autismo, defectos que los argentinos conocemos y en los que Clinton no cayó en su carrera.
El libro logra finalmente hacer transitar al lector por los laberintos de las grandes decisiones, cuando se anima a narrar, con cierto detalle, los febriles encuentros de Camp David con
Dejá tu comentario