Si todo va bien, Roberto Lavagna va a trasladar esta semana a París su campaña electoral. Le han prometido una «photo opportunity» con la candidata del socialismo francés en las próximas elecciones, Ségolene Royal, entre el 24 y 25 de este mes. Se entusiasmó con el relato sobre esa personalidad que le acercaron familiares de su esposa, que llegaron el fin de semana corridos por el frío del septentrión europeo. Si le sale la reunión, le habrá ganado un palmo a Cristina de Kirchner, que le pidió la semana pasada a su embajador de bolsillo en París, Eric Calcagno (h), también una foto con esta «Hillary» parisina, y todavía no le consiguió nada. Es difícil de entender por qué estos linces de la política creen que esas fotos les pueden reportar votos en barrios en los que aun sus propias figuras resultan a veces exóticas.
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