Centro de una de
las crisis más
resonantes del
actual gobierno,
la seguridad en el
Aeropuerto de
Ezeiza vuelve al
debate por el
pasajero que
logró sacar, aún
no se sabe con
qué propósito,
explosivos que
llegaron en su
equipaje a un
aeropuerto de los
Estados Unidos.
Ezeiza, la aeroestación que la administración Kirchner apartó de la jurisdicción de la Fuerza Aérea, fue protagonista de dos hechos que tienen el mismo punto de contacto: fallas en la seguridad y en controles de prevención. El brigadier Eduardo Schiaffino, titular de la Fuerza Aérea; y Marcelo Saín, interventor de la Policía de Seguridad Aeronáutica -la formación policial creada luego del escándalo de las valijas con cocaína que viajaron por SW a España-, impulsaron sendas investigaciones dentro del Aeropuerto Internacional Ministro Pistarini, aunque por hechos distintos.
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El jefe de los aviadores militares se debate entre recurrir a la Justicia o al sumario militar para dilucidar cómo se violó la seguridad en la Torre de Control del Aeropuerto de Ezeiza, blanco de cámaras ocultas para el film «Fuerza Aérea Sociedad Anónima».
Saín, por su parte, acudió a la Justicia federal para esclarecer cómo fue posible que en el Aeropuerto de Ezeiza no se detectara una botella de Coca-Cola con barro, con un tubo con nitrato de amonio, un poco de dinamita y un disparador para ser activado que una persona llevó en un avión hasta los Estados Unidos. Es decir, el eje de la investigación judicial no será el joven pasajero norteamericano (la cuestión de fondo), sino establecer si hubo algún funcionario público que cometió algún incumplimiento en su deber de controlar los movimientos del Aeropuerto. Casi el deseo de Schiaffino, saber si hubo algún uniformado que facilitó el ingreso al intruso que portó la cámara oculta o si se trató de un miembro de la propia fuerza, un arrepentido más al uso de aquel que denunció el espionaje ilegal en la base naval de Trelew. No parece interesar al jefe de los aviadores el contenido de las imágenes que revela graves fallas de coordinación de los controladores aéreos, cortes de alimentación en el único radar de aproximación de Ezeiza, desconocimiento de idioma para interactuar con los pilotos de los aviones, entre otras, todas ellas potenciales causas de accidentes que cuestan vidas. La falta de capacitación de los operadores en idiomas -responsabilidad de la Fuerza Aérea- dejó al borde de la emergencia por autonomía, sin combustible, un vuelo de Air France en 2005, según se ve en esas imágenes.
El estreno de la película -documental con escaso valor estético pero fuerte en denuncias- tiene en vilo a Schiaffino. El jueves pasado por la noche convocó a reunión de mandos en la Sala de Brigadieres, un coqueto recinto con mesa en U, ubicado en el séptimo piso de la Jefatura de Operaciones en el edificio Cóndor. El clima estuvo dominado por las repercusiones que se esperan luego del estreno de la película, cuyo director, Enrique Piñeyro -ex piloto comercial-, publicó una solicitada denunciando un presunto «apriete» de los mandos aéreos y fragmentos de las irregularidades registradas para el cine.
Una orden y su contraorden, verbales, casi involucran a la jefatura de inteligencia de la fuerza que comanda el comodoro Ricardo García, en la búsqueda de la «conexión interna» que pudo haber facilitado al espión con cámara el acceso a la Torre Ezeiza, área restringida para el público. Curiosa tendencia actual entre uniformados esta de delatar presuntos delitos o irregularidades quizá aprendida de los procedimientos que en los setenta practicaron con militantes «quebrados» de la guerrilla Montoneros.
Contrariado
La resolución de Defensa que surgió tras el affaire Trelew dejó a las Fuerzas Armadas sin la capacidad de activar mecanismos de contrainteligencia, es decir, detectar casos de deslealtad, delación, espionaje, etc., que afecten al Estado o la institución. Ya venía contrariado Schiaffino porque no obtuvo la entrevista que había solicitado en la víspera a la ministra Nilda Garré. Regresó al edificio Cóndor la tarde del miércoles 23 de agosto luego de una espera inútil para aclarar el descargo que había realizado -a pedido de Garré- tras la aparición de la denuncia de Piñeyro. Si algo reconoce la ministra con la experiencia de la gestión, es la masa crítica que antecede disgustos presidenciales. Y el estreno del film enlaza peligrosamente la protesta por la inseguridad aeronáutica con los reclamos por la inseguridad pública de la marcha que ese día encabeza el ingeniero Juan Carlos Blumberg en Plaza de Mayo. Otro dilema del aviador Schiaffino que aún no tiene respuesta es si entablará una acción judicial por el título que involucra la totalidad de una fuerza armada en calificaciones injuriantes. Sus colaboradores advirtieron, con lógica, primero evaluar la adhesión del público no sea que el apresuramiento favorezca un éxito de taquilla.
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