17 de abril 2007 - 00:00

Felipismo se prepara para el post-Solá

Felipe Solá
Felipe Solá
Un almuerzo en el despacho del ministro de Gobierno de la provincia de Buenos Aires sirvió para coronar el pacto entre Florencio Randazzo y el piquetero Emilio Pérsico: antiguos enemigos, dejaron de lado sus riñas fatales para alumbrar una tregua que, en principio, es de no agresión.

Ahora, con Felipe Solá armando las valijas, ocurre lo que parecía imposible: Randazzo y Pérsico moderan sus malquerencias para, en tándem, reconstruir el felipismo (ya sin Felipe) como una forma de blindar su fortaleza a la hora de sentarse a discutir las listas de octubre y la supervivencia en el planeta Scioli.

La ecuación es sencilla: de persistir con los bombardeos cruzados sólo conseguirían debilitarse mutuamente y, si se quiere indirectamente, facilitar el avance de «terceros sectores». La referencia es, puntualmente, al PJ que ordena José María Díaz Bancalari.

De algún modo, la unidad de los coroneles que Solá nunca pudo lograr la consigue, con objetivos defensivos, Bancalari. No es un mérito exclusivo del nicoleño; también una cuota del rejunte corresponde al acecho del dúo que conforman Carlos «Cuto» Moreno y Dante Dovena.

Como anfitrión, Randazzo recibió a Pérsico, que llegó escoltado por Fernando «Chino» Navarro, jefe del bloque de diputados del FpV y aspirante, no en soledad, a sentarse en el sillón que en 1974, luego de la «caída» en dominó de dos intendentes, ocupó Eduardo Duhalde.

Lo territorial es la clave de la sociedad entre Pérsico, jefe del Movimiento Evita (M-E), y Randazzo, armador de un bloque que amontona legisladores, intendentes y funcionarios, que sustentó al felipismo primal, pero se resquebrajó con la fallida aventura reeleccionista.

  • Reacomodamiento

    En los hechos, la flamante sociedad Randazzo-Pérsico genera un reacomodo en el mapa del kirchnerismo bonaerense. Hay varios aspectos para analizar:

  • Produce el reordenamiento de dos bloques que se movían bajo el paraguas de Solá, ambos con enlaces permanentes en la Casa Rosada, lo que en los hechos implica la reconstrucción del espacio felipista que animó a fines de 2004 la primera disidencia con Duhalde, que derivó, con Kirchner forzado a jugar, en la ruptura entre el ex y el actual presidente.

  • Se perfila, con eso, una división global bien pronunciada: de un lado el PJ bancalarista, en fina sintonía con el dúo Moreno-Dovena; del otro, el felipismo sin Solá de Randazzo-Pérsico, mientras en la ancha autopista que los separa circulan, con simpatías, claro, Alberto Balestrini, Carlos Kunkel, José «Pepe» Pampuro y Julio Pereyra, entre otros. Se trata de peronistas, con buen trato con el consejo del PJ, pero que se resisten a que el sector liderado por Bancalari tenga un exceso de protagonismo.

  • En eso coinciden con el posfelipismo de Randazzo y Pérsico. «Aceptamos la fusión y la coordinación, pero no podemos aceptar que los perdedores de 2005 sean los conductores en 2007», aseguran. La presencia habitual de Bancalari, a partir del lugar que Kirchner le otorga, genera celos y malestar entre quienes dos octubres atrás defendieron la boleta que encabezó Cristina contra la que compartieron Chiche Duhalde y Bancalari. Algo es cierto: esa memoria persistente no parece obsesionar a Kirchner.

  • Hablando en tercera persona -«vos escuchalo al Cuto», profetiza sobre sí mismo-, Moreno aparece en la escena como doble espía: a los kirchneristas cercanos a Solá les dice que deben «contener» a los PJ mientras a los PJ les afirma que el Presidente los «quiere» a su lado. Cenó, días atrás, con Osvaldo Mércuri y le juró que habrá lista única de legisladores nacionales y provinciales, pero, en casos puntuales, se permitirán «colectoras» en los distritos.

  • En el PJ, alimentados por la usina Bancalari -estuvo, la semana pasada, reunido hasta tarde en la Casa Rosada con el presidente, Alberto Fernández y Aníbal Fernández-, insisten en que la consigna presidencial es «una sola lista por distrito», aunque admiten lo obvio: que Kirchner transmite ese mensaje para evitar que haya una peste de pedidos de listas bis. Pero que, en los hechos, en más de un distrito parece imposible la fusión y no habría otra salida que permitir boletas paralelas, ambas de «espíritu K».

  • Sobre ese convencimiento creció, también, la sociedad Randazzo-Pérsico que acordó convertir los chicotazos en respaldo mutuo. De ese modo, en vez de animar candidatos enfrentados, Randazzo respaldará a Navarro en Lomas de Zamora mientras el M-E apoyará a Darío Giustozzi en Almirante Brown. La discusión, en esta instancia, se refiere a quién será -si hay lugar para uno solo-el negociador del espacio en la mesa donde, en teoría, se discutirán las listas de octubre.
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