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18 de septiembre 2006 - 00:00

Funcionaria escucha queja de cúpula DAIA por "antisemitismo"

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El viernes comenzó la última semana del año 5766 para los judíos de todo el mundo, una semana de preparación para las fiestas de fin de año y el posterior recuento de pecados cometidos durante los pasados 365 días que se expían en el Iom Kippur. Sin embargo, para los integrantes de la comunidad argentina será una semana más que intensa, que comenzará hoy cuando la flamante titular del INADI, María José Lubertino, almuerce con la comisión directiva de la DAIA.

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Es que la funcionaria comenzó su gestión con el pie izquierdo: en su primer discurso, en lugar de tomar nota de los reclamos de los judíos argentinos por la pasividad con la que el gobierno viene tolerando expresiones antisemitas, la ex concejal por la UCR -devenida «K» recientemente- acusó de «intencionalidad política» al grupo de dirigentes opositores e intelectuales (la mayoría de ellos no judíos) que protestó por esta situación. Al día siguiente la Lubertino echó más leña al fuego, al afirmar que «las denuncias por antisemitismo están en los valores habituales para esta época del año».

Los dirigentes de la DAIA, encabezados por su presidente Jorge Kirszenbaum, además del tradicional menú kasher con el que suelen agasajar a sus visitantes, aguardan a la funcionaria con una serie de reclamos que obviamente están encabezados por dos temas: la intensa actividad antijudía de Quebracho y las pintadas antisemitas en la Facultad de Filosofía y Letras, hechos sobre los cuales el gobierno mostró al menos lentitud de reflejos para reaccionar.

De todos modos, el reclamo contra Lubertino se extendió fuera de los límites de la comunidad judía: los firmantes del documento la acusaron de «prejuzgar» y de negarse a escuchar «sin prejuicios las advertencias y denuncias de los ciudadanos en ejercicio de sus derechos constitucionales». Y el legislador porteño macrista Jorge Enríquez pidió la inmediata renuncia de la funcionaria (a la que califica de «vedette de la política, siempre dispuesta a defender las causas más delirantes si le aseguran unos minutos de TV») por sus declaraciones, que -a estar de Enríquez- constituyen «incumplimiento de deberes de funcionaria pública».

No serán la DAIA ni las declaraciones públicas los únicos ámbitos para el reclamo: tal como adelantara este diario hace casi tres semanas, el American Jewish Committe (AJC) confrontará en Nueva York a la senadora Cristina Fernández de Kirchner con un temario muy similar al que escuchará la Lubertino tres días antes en el edificio de Pasteur 633. A eso seguramente se le agregará el desagrado que causaron las palabras del propio Néstor Kirchner el viernes, al calificar de «raza» a los judíos y prometerles «protección» desde la «caridad cristiana», como si los judíos fueran un grupo de extranjeros que debe ser custodiado de sus enemigos.

  • Cuidado

    «Sabemos que el Presidente no tuvo intenciones ofensivas; todo lo contrario, pero creemos que debió asesorarse un poco mejor y tener algo más de cuidado al elegir sus palabras», dijo a este diario una alta fuente comunitaria que -por obvias razones- prefirió preservar su identidad.

    Sin embargo, el centro de la reunión entre el AJC y la senadora será la complicación que representa Hugo Chávez para la vida judía en el continente. La teoría de los dirigentes judíos estadounidenses es que en cada país que mantiene vínculos estrechos con Chávez, la comunidad judía local tiene problemas. El ejemplo más obvio es la pequeña comunidad venezolana, pero también lo son la (aun más pequeña) comunidad boliviana y ( obviamente) la judía. No es casual, le dirán a Cristina Kirchner, que Quebracho está «tan cerca» de Chávez y sea la punta de lanza de las manifestaciones más violentas de antijudaísmo.

    A Cristina se le recordará además el café que -propiciado por Kirchner- compartieron en Olivos el bolivariano y los máximos dirigentes del World Jewish Council, la máxima organización política judía a nivel global. Allí, se suponía, habrían quedado sentadas las bases para un mejoramiento notable de la relación entre el gobierno de Caracas y los judíos venezolanos, pero esto no sólo no se produjo sino que desde entonces la situación de los judíos de Venezuela se agravó. Esto mismo, aducirán, es lo que viene sucediendo en la Argentina.

    Finalmente, el rabino Sergio Bergman utilizó tres tribunas (la de su propio templo de la calle Libertad; la del colegio Arlene Fern en Belgrano, que inauguraba un nuevo edificio; la del club Náutico Hacoaj ayer) para responder en duros términos a las descalificaciones que le dedicaron los presidentes de DAIA y AMIA en relación con su discurso de la «plaza de Blumberg».
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