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Los esfuerzos del gobierno por sacar la discusión por el financiamiento al país de la Secretaría del Tesoro (Paul O'Neill) para llevarla al Departamento de Estado (Colin Powell) de los Estados Unidos se trasladarán a un plano mucho más visible. Duhalde será protagonista de estos esfuerzos el próximo 20: durante su viaje a México, hará una escala en Bogotá para entrevistarse con el presidente Andrés Pastrana. Durante la reunión, le ofrecerá apoyo y también adiestramiento para las fuerzas regulares que luchan contra la guerrilla en Colombia. Entusiasmados con la posibilidad de ver más alto el perfil de su jefe en la arena internacional -en rigor, es la primera incursión del duhaldismo en ese terreno-, hay algunos colaboradores estrechos del mandatario que lo imaginan como una suerte de mediador informal en el conflicto interno de ese país.
La maniobra puede parecer exagerada por la situación de quien la promueve y también por la de quien la recibe. Duhalde es visto en el exterior como un presidente designado para la complicada transición de un país que ocupa la atención del mundo por su colapso económico. Pastrana administra el tramo final de un gobierno desbordado por la guerrilla vinculada al narcotráfico. Por eso, cuando el plan fue presentado ante expertos por uno de los funcionarios de la Cancillería encargado de llevarlo adelante, un chistoso preguntó: «¿Quién va a ayudar a quién?».
La forma que asuma la colaboración que se ofrece todavía no tenía ayer un formato definido. En la Cancillería, se pensó en la mediación -también Carlos Menem buscó varias veces salir de atolladeros ofreciendo sus buenos oficios en conflictos como el de Medio Oriente-. Hay un aspecto de la jugada de Duhalde que, al parecer, no fue contemplado por Ruckauf: la irritación que producirá en Brasil, país bajo cuya influencia el Presidente decidió poner la resolución de la crisis argentina. Fernando Henrique Cardoso y Celso Lafer no se molestarán solamente por la falta de consulta en una decisión de carácter regional que involucra a un país limítrofe de Brasil. Los inquietará más que no se haya atendido a la tesis que domina a las fuerzas de seguridad y a la diplomacia de su país: una presión exagerada sobre Colombia tendría como consecuencia el desplazamiento de la guerrilla hacia territorio brasileño. Además, el gobierno de Cardoso teme que con una intervención como la que avalaría Duhalde fije un antecedente riesgoso sobre intervenciones en terceros países con la excusa del terrorismo, sobre todo, visto el problema desde el ángulo de países afectados por ese fenómeno, como los de la Triple Frontera.
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