Los salarios de los varones argentinos son 32% superiores a los de las mujeres, por encima del promedio internacional, que marca un desbalanceo del 23 por ciento. Pero la discriminación también encuentra otros vectores.
La mayor igualdad que registra el empleo en la Argentina es su desigualdad. El escenario de ganadores y perdedores se registra en todas sus categorías: por género, edad, calificación y nivel educativo del asalariado, así como por actividad económica y tamaño de la empresa, cada variable exhibe las inequidades propias de un mercado laboral signado por un desempleo creciente, que trepó arriba del 9% en el primer trimestre del año, pero sobre todo de una informalidad virtualmente endémica, clavada desde hace un lustro en cifras superiores al 33 por ciento. De las brechas salariales entre las categorías se ocupó un informe realizado por el Programa Especializado en Derechos del Trabajo del Ministerio Público Fiscal, un órgano que depende de la procuradora Alejandra Gils Carbó y que realiza estadísticas sobre el mercado de trabajo y analiza la problemática a partir de casos judiciales.
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El estudio destaca que más allá de los elementos objetivos que pueden separar categorías salariales (como la formación del empleado, su antigüedad en el cargo o la calificación para la tarea encomendada) existen otros que ponen de manifiesto criterios discriminatorios como el sexo, la edad o la actividad que terminan por "fragmentar el mercado laboral", destacan los autores. Sobre este punto, señalan: "Esta arbitrariedad a la hora de pagar un salario refiere a estructuras culturales complejas principalmente en el trabajo de mujeres, pero también refiere a razones económicas". El trabajo se basa en el Boletín de Estadísticas Laborales (BEL) del cuarto trimestre del año pasado, que publica la cartera a cargo de Jorge Triaca.
El primer rubro que analiza el informe es la diferencia marcada entre los salarios de hombres y mujeres con la misma tarea. "Se observa una brecha entre varones y mujeres del 32%, es decir, en promedio, cuando una mujer cobra 100 pesos un varón cobra 132. La Argentina se ubica, así, muy por arriba de la escala mundial que estima la brecha entre varones y mujeres en un 23 por ciento", apunta. Esa diferencia es el rasgo más distintivo de "un conglomerado que construye y reproduce desigualdades" y que incluye otros ítems como "los mayores niveles de desempleo femenino, principalmente entre los segmentos más jóvenes de la población, los límites en el acceso a cargos jerárquicos y la imposibilidad de formar parte de actividades masculinizadas", agregan los autores.
El estudio da cuenta de que la Organización Internacional del Trabajo (OIT) distingue entre una parte "explicada" de la brecha salarial, que pasa por características observables como el nivel de educación del asalariado en relación con su remuneración, con otra "inexplicada" que "sugiere la existencia de una discriminación en el mercado laboral".
"Muchas veces el salario menor de las mujeres se explica porque las mismas acceden a puestos precarios, trabajos de poca calificación y son mayoritarias en los empleos de jornadas reducidas. Así y todo, estos elementos que intentan explicar el diferencial salarial entre trabajadores y trabajadoras remiten a otras prácticas discriminadoras acontecidas en el ámbito laboral y fuera de él. La dificultad de acceder a puestos de responsabilidad y dirección (comúnmente denominado 'techo de cristal'), la amplia presencia de trabajos con baja calificación aún cuando las mujeres en términos generales acreditan mayores niveles de educación formal que los varones, y las cargas de familia y tareas reproductivas que caen principalmente sobre las mujeres, obligándolas a aceptar empleos de tiempo parcial, son algunas de las principales desigualdades que forman parte de las diferencias explicables de la brecha salarial entre varones y mujeres". Y complementa: "Otro tanto se compone por elementos no explicables asociados a la discriminación y la presencia de prácticas sexistas en las relaciones laborales que se visibilizan cotidianamente", como la "infravaloración del trabajo que realizan las mujeres y las calificaciones que se requieren en los sectores u ocupaciones dominados por mujeres, con la práctica de la discriminación".
Otra brecha salarial que analiza el trabajo es la que hay entre edades de los trabajadores. La parte explicada, en este caso, es la que se vincula con la antigüedad en el puesto de trabajo y la experiencia adquirida. La otra, señala, "se trata de una situación extendida aunque restringida a algunas profesiones o tareas", en cuanto a que "la experiencia no siempre es valorada por los empleadores y es posible que en algunas profesiones o actividades el desgaste físico promueva el empleo de jóvenes". Entre las distintas categorías el salto más llamativo se produce entre los asalariados de 25 y 34 años, que perciben en promedio un 45% más que los del segmento más joven, de 16 a 24 años.
La categoría ocupacional también es motivo de discriminación. Por cada 100 pesos que percibe un empleado no registrado (informal, "en negro"), uno formalizado, en promedio, cobra 221 pesos, con una diferencia del 121 por ciento. Mientras que un cuentapropista obtiene 131 pesos. El tamaño del establecimiento laboral es otra razón de discrepancias entre los ingresos de sus empleados. "Conforme aumenta el tamaño de la empresa, medido en cantidad de trabajadores ocupados, aumenta el promedio salarial. La diferencia entre establecimientos chicos, medianos y grandes guarda proporcionalidad", exhibe el trabajo, que marca como dato más preocupante que en promedio las empresas con una dotación de hasta cinco empleados paga sueldos que no llegan al salario mínimo, vital y móvil, el piso que establece la Ley para el trabajo formal en todo el país.
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