Apareció en el mercado electoral otro ingrediente esencial para mover el debate en cualquier campaña: un grupo de diputados de casi todos los partidos presentó un proyecto de ley para legalizar los matrimonios entre personas del mismo sexo en las mismas condiciones jurídicas que las uniones heterosexuales. La ley, que rige no sin problemas en otros países, como en España, donde fue aprobada en 2005, ya comenzó a provocar las primeras turbulencias en la Iglesia. Sobre todo, porque el nivel de consenso que reúne quedó claro por las firmas que recolectó.
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Para Jorge Bergoglio, resultará insoportable que casi todo el bloque del ARI, encabezado por Eduardo Nacaluse, haya firmado la ley para equiparar legalmente el matrimonio entre personas del mismo sexo.
Justo al cardenal que se involucró en esta campaña electoral como nunca al haber acercado la coalición entre Elisa Carrió y Jorge Telerman, con la estrategia de ganar la Capital Federal para apoyar sobre ese triunfo la candidatura presidencial de Lilita.
Se sumará este nuevo dolor de cabeza episcopal a otros que desvelan al episcopado. El Congreso, en los últimos tiempos, ha sido pródigo en cuestiones que irritan a la Iglesia y han encendido púlpitos, como la aprobación de la pastilla para el día después, el protocolo del CEDAW, considerado abortista por la Iglesia, la ley Federal de Educación, la enseñanza sexual obligatoria en las escuelas, sin mencionar la veintena de proyectos en estudio con distintas versiones de la despenalización del aborto, muchos apoyados por el ministro Ginés González García.
El proyecto presentado ayer, entonces, fue demasiado.
Sobre todo, porque está apoyado por un amplio arco de bloques y que desde el inicio fue acercado en realidad por distintas asociaciones, reunió 21 firmas que van desde el kirchnerismo hasta el radicalismo. Pocas veces se reúnen casi todos los partidos -obviamente, el PRO no fue de la partida- en torno a una idea.
El proyecto impulsa la modificación del Código Civil para equiparar los derechos de todas las parejas «con independencia de su orientación sexual». Fue redactado por el socialista Eduardo Di Pollina y se presentó con una modificación propuesta por la arista Marcela Rodríguez.
Se busca equiparar los derechos de todas las parejas con independencia de su orientación sexual, eliminando las restricciones que, sostienen, «obstaculizan el derecho al matrimonio a las parejas conformadas por personas del mismo sexo».
«La exigencia de la diversidad de sexos, frente a los claros preceptos internacionales que tienen en la República Argentina jerarquía constitucional, es discriminatoria para con las parejas de un mismo sexo», dijeron los diputados.
Entre las firmas que apoyaron el proyecto están la de los kirchneristas Remo Carlotto, Araceli Méndez de Ferreyra, Marta De Brasi, Nora César, también Miguel Bonasso, los aristas Martha Maffei, Leonardo Gorbacz, Delia Bisutti, Macaluse y Carlos Raimundi, la juecista Norma Morandini, María del Carmen Rico del Peronismo Federal -el bloque que preside José María Díaz Bancalari-, Claudio Lozano de la CTA, la radical Alicia Tate, Lucrecia Monti del lavagnista Justicialismo Nacional y el ex zamorista Carlos Tinnirello.
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