Rodolfo Daer fue el primer sindicalista dialoguista en plantear la preocupación: «Vienen tiempos difíciles, en los que hay que reunir fuerza, no dispersarla». Fue más explícito después el dirigente de la CGT oficial: «No sirve multiplicar las centrales obreras, al contrario, hay que acumular fuerzas porque vienen tiempos complicados». Daer contestó así a los escarceos que se verifican en el sindicalismo combativo, agrupado en la CTA de Víctor De Gennaro. Estos centroizquierdistas reclaman en el Ministerio de Trabajo por la desregulación sindical y piden que se los reconozca como central obrera con personería propia. Se basan para eso en normas de la OIT que aconsejan ese liberalización y que la Argentina incorporó a su derecho nacional en la Constitución reformada en 1994.
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Daer fue uno de los « gordos» que asistieron a la jura de los ministros del gabinete nacional, igual que Carlos West Ocampo, el «gorrión» Delfor Giménez, José Pedraza y Armando Cavalieri (casi el único presente que tenía, por su edad, algo de «setentista»). Allí aplaudió el ascenso de Carlos Tomada y, sobre todo, de Ginés González García, su santo patrono en el Ministerio de Salud, donde ellos tienen sus verdaderos intereses como gerenciadores del sistema desde las obras sociales, conocidas como «cajas».
Ahora estos gremialistas dudan de haberse entusiasmado tanto con la instalación de la nueva gestión y comienzan a asignar más importancia a la presencia de Luis D'Elía en el Salón Blanco. D'Elía, el diputado bonaerense y « piquetero», responde a los impulsos ideológicos de De Gennaro, aunque le interese poco la desregulación sindical. El irá a Trabajo con otro tipo de reclamo: espera que le efectivicen los 30.000 nuevos planes Jefas y Jefes de Hogar prometidos durante la campaña. El ministro Tomada, un técnico, no quiere ni escuchar hablar de esos enjuagues. Mucho menos de los 14.000 que les prometieron a los combativos de la Aníbal Verón o de la Corriente Clasista y Combativa. «De esos temas que se encargue Aníbal Fernández», derivan en Trabajo. Sin embargo no será tan sencillo evadir el problema, que pasará ahora a manos de un cordobés, Norberto Ciaravino, ahora a cargo del área de Empleo.
• Nombramientos
Mientras tanto, en Trabajo siguen produciendo designaciones. Ayer se confirmó a Sergio Massa, un duhaldista que consiguió la continuidad al frente de la ANSeS. Massa mantiene una buena relación con Tomada desde la época que el ministro secundaba a Alfredo Atanasof en esa misma cartera. Además, siempre simpatizó con el modelo jubilatorio de la provincia de Santa Cruz, que conoció cuando viajó a Río Gallegos y descubrió el modo de registro de las prestaciones previsionales que se implementó en aquella provincia.
Los «gordos» están convencidos de que el nuevo ministro laboral es, por debajo de cualquier capa «progre», un vandorista, metalúrgico de Lorenzo Miguel, Luis Guerrero y otros próceres del sindicalismo tradicional. Para ellos el «camporismo» que añoran muchos funcionarios del gobierno actual terminó mal, con la muerte de José Ignacio Rucci. Pero igual se preparan para algún tipo de choque. Por eso Daer habló ayer de « buscar la unidad con los distintos sectores».
• Desaire
Ya comenzaron con el Movimiento Obrero con Propuestas, el sector menemista del sindicalismo tradicional, que conduce Antonio «Coco» Cassia. La puntada siguiente quedó habilitada ayer y tiene que ver con Hugo Moyano: el líder del Movimiento de los Trabajadores Argentinos está enardecido con el desaire del nuevo gobierno a Guillermo López del Punta, secretario de Transporte que había logrado acuerdos permanentes con el sector.
«Me obligan a taponar la Plaza de Mayo con los camiones», se enardeció Moyano cuando le informaron que, en vez de su amigo, al área de Transportes iría un santacruceño, ex ministro de Educación de Kirchner. «Me hicieron publicar una solicitada como señal de buena voluntad y ahora me mejicanearon», seguía gritando el gremialista, mientras invocaba a un legislador santacruceño al que hacía responsable por la ruptura.
«Está a punto de caramelo, tenemos que traerlo ahora», se frotaron las manos en la CGT, donde creen que es indispensable llegar a un acuerdo con Moyano por si, en adelante, se hace necesario llegar a alguna medida de fuerza.
Ellos no temen tanto el avance del CTA sobre las estructuras formales de la CGT. Temen, en cambio, que el reformismo empiece por salud y ataque sus obras sociales. González García sigue tranquilizándolos, diciendo que nadie quiere agredirlos pero hasta anoche no podía darles garantías sobre las iniciativas que Kirchner tome sobre las obras sociales, el corazón del sistema sindical sometido a un jaque patagónico.
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