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Los «gordos» están enardecidos, sobre todo con Alberto Fernández. Muchos de ellos advirtieron la mutilación leyendo la noticia en este diario, el viernes pasado. No lo podían creer pero desde el Ministerio de Economía les confirmaron la poda de sus cajas dispuesta por el jefe de Gabinete. Nada que ver con una interna entre Fernández y Roberto Lavagna. Sólo tráfico informativo, datos que se filtran, solidaridades permanentes. No habría que olvidar que Lavagna tuvo (¿tiene?) un sueño presidencial, que en su momento se cruzó con el de Kirchner, alimentado por los gremialistas de Azopardo 802.
Agotada la primera línea de la política, los «gordos» enfilaron hacia el Congreso. Allá está José María Díaz Bancalari, antiguo defensor de la «patria metalúrgica» en su condición de representante de San Nicolás, sede de José Ignacio Rucci y de Victorio Calabró. Díaz Bancalari no está en una situación distinta a la de Curto o Duhalde. Quedará convertido en Túpac Amaru por los tironeos de la Casa Rosada y la CGT pero dará poco de sí por sus antiguos amigos. Si apenas se anima a levantar la mirada cuando Fernández lo convoca a la Jefatura de Gabinete. Además, tiene un ejemplo más que cercano para saber cómo comportarse: su íntimo amigo, Ginés González García, dejó de hablar de la solidaridad del sistema de salud y no abrió la boca para quejarse del recorte sobre las «cajas» del sindicalismo. Como otros miembros del gobierno, adujo que «no hay que temer por recortes porque sólo cuando se sepa el total de lo que se recauda se puede hablar de cuánto les tocará. Lo que hay hasta ahora es sólo una previsión». En efecto, como explicó el ministro, la partida del APE es sólo indicativa en el presupuesto porque se alimenta con recursos propios, derivados de la contribución de los trabajadores a las obras sociales. Pero Daer, Cavalieri o West (tan influyente sobre González García) apenas si admiten el razonamiento: ya se lo escucharon a Roque Fernández en su momento y, antes, a Domingo Cavallo. Y siempre tuvieron que dejar una parte de lo que reclamaban.
Angustiados, sin que siquiera les atiendan el teléfono, Cavalieri, West y Daer se han puesto a revisar la lista de diputados «solidarios» a los que podrían visitar para defender sus fondos en el Congreso. A Díaz Bancalari ya lo pusieron como condicional y sólo confían en Oraldo Britos, Ovidio Zúñiga y Saúl Ubaldini. Escasos recursos humanos, ya que siquiera saben todavía si Alicia Castro está dispuesta a recibirlos.
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