1 de agosto 2007 - 00:00

Habilitan a Patti y encubren regreso de oficialista Ibarra

Festejaban ayer los partidarios de Luis Patti con el fallo del procurador adjunto, Luis González Warcalde -ya que su superior, Esteban Righi, evitó complicarse en la medida, seguramente en honor a su pasada militancia en Montoneros, temeroso quizás de que lo acusaran de «traición» como a tantos otros de su movimiento-, que determinó el atrevido exceso de facultades constitucionales de la Cámara de Diputados para impedir la jura como legislador del ex comisario e intendente de Escobar. A pesar, claro, de que había sido libremente elegido por la voluntad popular (unos 400 mil votos). Este dictamen del procurador se enlaza con la continuidad jurídica de una reciente decisión de la Corte que renegó de la capacidad de Diputados para determinar quién puede o no ingresar al cuerpo, según el criterio de la mayoría aristocrática que en ese momento lo presida. Por supuesto, ésos no fueron los términos ni los fundamentos de los 4 ministros de la Corte que lo aprobaron -ni de los otros dos que aludieron a la judiciabilidad del caso-, pero tal vez fuera el espíritu que aplicaron para satisfacer la demanda del tucumano diputado Antonio Bussi (famoso general de los años 70, acusado de represor debido a que erradicó la guerrilla en esa provincia). Tardía respuesta, claro, Bussi no pudo asumir lo que le correspondía; la jugada de los magistrados resultó una ficción para guardar las formas institucionales. Los seguidores de Patti, otro hombre controvertido de los 70, entendían anoche -con cierta razonabilidad- que la decisión judicial de González Warcalde será el penúltimo paso para que su jefe político pueda ser reivindicado en Diputados, al menos para completar su amputado mandato. También será una satisfacción para aquellos que lo votaron.

Ingenuos los que creen sin haber visto, es una frase evangélica, quizás procedente para ese optimista estado de ánimo: no hay ninguna garantía de que la Corte, último paso para el reclamo de Patti, se pronuncie a su favor por más que sus propios miembros se hayan expresado en ese sentido (caso Bussi). Ya lo advirtió Carmen Argibay: «Son casos diferentes», dijo (como si ella, otra participante de los 70, alguna vez hubiera hecho diferencias entre un Bussi o un Patti). Para completar su amenazante asesoría jurídica señalando que hay «procedimientos» distintos a contemplar, anticipando una red jurídica ad hoc a gestarse para no asimilar una situación a la otra, por más que sean iguales. En lo jurídico y en lo político. Pero, claro, esta Corte «no adicta» ya ha sentado las bases para cambiar la cosa juzgada, principios de la Constitución, hasta exhibe ministros del Guinnessque han firmado y luego borraron lo que habían firmado. Obviamente, en gobiernos distintos.

  • Pantalla

  • La ingenuidad de muchos, sean simpatizantes de Patti o diestros especialistas jurídicos, fue imaginar que la Corte «no adicta» hizo una compensación cuando, en la misma semana, anuló los indultos de Carlos Menem y, simultáneamente, extrajo el fallo sobre Bussi. Se habló de empate, de un uno a uno futbolero con magnitudes distintas, pero en general hubo alabanzas a esa cuenta de equilibrio en la libreta negra de un almacenero judicial. Pero quien se impusiera quebrar ese cascarón de candidez, imaginar una suspicacia sobre ese comportamiento de la Corte, entenderá la creación de una pantalla para encubrir otros posibles hechos. El principal, básico y temible para el kirchnerismo, al cual los catedráticos de la Corte en verdad sirvieron, fue prevenir una eventualidad: abortar desde el máximo tribunal cualquier actitud de la mayoría de la Legislatura porteña (macrista) para copiar métodos del oficialismo montoneril e impedir la llegada del legislador Aníbal Ibarra, a quien le imputan -injustamente, sin dudamás muertos que a Patti, los casi 200 del desastre Cromañón.

    Entonces, hay inocentes disminuidos que tragaron la píldora, observadores no menos candorosos que ensayan sobre la Justicia y el Derecho como si éstas no fueran ramas de la política, aviesas mentes que traman jugadas defensivas y maquiavélicas -lo que hace imaginar otras peligrosas lucubraciones ajedrecísticas cuando practican las ofensivasy una Corte «no adicta» así proclamaba en los medios calificados de seriedad. Y también los Bussi, los Patti, los Ibarra, al igual que los maeses del títere, todos enlodados en una miseria común y discepoliana.

    Dejá tu comentario

    Te puede interesar