14 de julio 2006 - 00:00

Hablar de fondos de la SIDE, ¿un error de Cristina en el Senado?

Cristina Kirchner
Cristina Kirchner
Cristina Kirchner anunció el miércoles por la noche, durante el largo debate del Senado, que los superpoderes que se le concederán al jefe de Gabinete no alcanzarán a los fondos reservados de la SIDE. La decisión fue presentada de modo explícito como una concesión, un homenaje a la transparencia en el manejo de dinero secreto. La senadora no mantuvo demasiado su generosidad y enseguida se vio tentada de aclarar que la restricción no suponía un mal uso de esos recursos, como el que dijo puso en práctica la Alianza «en el caso de este Senado» con los presuntos sobornos. Todo merece, de inmediato, ese aplauso republicano que anda buscando el gobierno mientras captura facultades legislativas gracias a la reglamentación de los decretos de necesidad y urgencia y a la reforma de la Ley de Administración Financiera del Estado, por decirlo según el diccionario oficialista. Sin embargo, sin despreciar el mérito de esa concesión del gobierno, conviene analizar más detenidamente esta innovación para evitar un nuevo malentendido. El de suponer virtudes donde sigue habiendo vicio:

  • La afirmación de la senadora Kirchner haría suponer, a primera vista, que el mal uso de los fondos de la SIDE se debe a que los jefes de Gabinete tuvieron atribuciones para aumentarlos «a piacere». Esto es sólo parcialmente cierto. Es verdad que, durante años, fue práctica de los gobiernos transferir partidas de tal o cual ministerio a la SIDE para convertir esos fondos en dinero no sometido a rendición de cuentas y, entonces, aplicarlos en fines no confesables. El caso más sonado fue, en los 90, el de la derogación de subsidios irregulares aplicados a través de Aportes del Tesoro Nacional (ATN), que fueron sustituidos por fondos de la SIDE que provenían de esas mismas partidas «suprimidas». Sería este abuso el que vendría a dificultarse con la decisión que anunció ayer la senadora. ¿Cómo no reconocerle este progreso?

  • Pero en su empeño acasohaya cometido, seguramente mal asesorada, un error político de corto plazo. El de reactivar el inventario de dudas que pesan sobre los fondos que maneja la SIDE. No sobre los que se incrementan mediante resoluciones del jefe de Gabinete sino sobre los que, originariamente, año tras año, le asigna el Presupuesto que aprueba el Congreso. Porque los gobiernos argentinos no usan de manera sospechosa sólo los recursos incrementados por desvíos de partidas. Es la totalidad de fondos de la SIDE la que está empañada. La senadora debería saberlo porque la directora de Finanzas del organismo, es decir, la encargada de aplicar esos fondos reservados, es una persona de su intimidad, la contadora Sonia Fornasero (lo que desmiente una de las especulaciones de ayer: que la restricción a la SIDE expresara aquel viejo malestar de la primera dama con Francisco Larcher, el mandamás del organismo).

  • Si la senadora quisiera correr el velo que existe sobre los fondos reservados, debería reclamar algo elemental: que se sometan al control parlamentario, por lo menos a través de la Comisión Bicameral de Seguimiento de los Organismos de Seguridad de Inteligencia. Es posible que una demanda de este tipo reciba la respuesta de siempre: «Eso es imposible, ¿cómo revelar el destino de dineros que se aplican con sentido estratégico a la seguridad del Estado y que, por definición, deben ser secretos?». Impecable.

  • Pero nadie pretende, en rigor, que se desnuden las operaciones delicadas que realiza la inteligencia. Lo que podría habilitarse es una rendición de cuentas sobre movimientos menos comprometidos. Por ejemplo, ¿cuántos empleados tiene la SIDE? ¿En qué categorías están organizados y cuánto se les paga por categoría? ¿Cuánto se deposita en concepto de aportes patronales por esa plantilla salarial? ¿Cuánto se le paga a la ART? Cuando la dependencia de Larcher realiza una compra, emite la orden respectiva que es, por definición, pública: ¿no podría remitir al Congreso un listado de esos documentos? Todos estos gastos no deberían ser reservados y su control permitiría, por inferencia, detectar si la cifra que se asigna a operaciones secretas es razonable. Sobre todo porque existe una curiosidad adicional: los gastos corrientes de la SIDE suelen ser uniformes año tras año; el Presupuesto que se le asigna, también. La diferencia entre ambos montos es lo que se destina a operaciones reservadas en las que, debe suponerse, se gasta todos los años lo mismo. ¿Siempre son las mismas? ¿Nunca se resuelve nada?

  • Además de alentar alguna transparencia, aunque sea marginal, la senadora Kirchner pudo haber pretendido desmentir, por adelantado, un reproche de la oposición: que el gobierno destina fondos reservados a solventar gastos de campaña (quien hizo la denuncia fue, en rigor, alguien del gobierno, Gustavo Béliz, dando lugar a una investigación cuyos resultados son ignotos). Podría aducir que, en un año electoral, se le niega a la SIDE cualquier incremento de recursos. Es interesante, pero inconsistente. Al ser tan poco clara la asignación de las partidas de ese organismo cabe pensar que el dinero que podría aplicarse a la campaña ya se recaudó. Una acusación tal vez inmerecida pero de la que el gobierno cae víctima por la misma oscuridad de los procedimientos.
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