¿Hasta cuándo se quedan?

Política

El advenimiento electoral determina candidatos y, del gobierno, ya hay varios confesos y otros en la puerta del confesionario. Sorprende, sin embargo, que muchos ya lanzados y otros en vías de hacerlo no renuncian -ni siquiera amenazan- a una tarea pública por la cual cobran salario y a la que los contribuyentes imaginan que le dedican el día entero. Nadie sabe -a esta altura, el derecho también puede ser víctima de los cambios culturales que predica el gobierno- si es legal o no que mantengan sus cargos al mismo tiempo que hacen campaña. Lo que sí está claro es que por lo menos no se respetan mínimas reglas éticas y se distrae tiempo de una función pública a la que fueron convocados.

Caso emblemático: Daniel Filmus. Hace giras y campaña como un cantor internacional, se saca fotos, formula declaraciones, se sirve del Estado y hasta se dedica a elaborar un plan de lo que sería su gobierno municipal. Esa actividad, por supuesto, se desarrolla mientras registra su permanencia al frente del Ministerio de Educación. Ya dijo que será candidato a jefe de Gobierno porteño, el presidente Kirchner lo avaló (aunque no se sabe cuál será su actitud dentro de dos meses) y, paladinamente, se ocupa de esos menesteres electorales como si no pasara por caja todos los meses para cobrar su estipendio como titular de Educación. Como si esa área no necesitara control o un mínimo de responsabilidad aplicada. La continuidad ambigua de Filmus en dos actividades, además, moralmente es más cuestionable que otros ejemplos: se supone que él, como titular de Educación, debe ser un modelo de integridad para los jóvenes, para los estudiantes. No cumple ese rol, claro, hasta podría pagarlo en las elecciones si la oposición fuera por lo menos lúcida. Aun así, se supone que el mes próximo Néstor Kirchner habrá de reemplazarlo por su segundo, Juan Carlos Tedesco

¿La misma imputación vale también para Daniel Scioli y Jorge Telerman? En sus casos, pueden invocar -pero provoca controversia- que han sido elegidos no por un señor (Presidente, obvio), sino por el mandato de las urnas. Discutible también el caso, ya que un pedido de licencia (al menos cerca de las fechas electorales) sería razonable y prolijo. Otros que ingresan en la misma senda de Filmus, al parecer, son dos miembros del gabinete: Jorge Taiana y Aníbal Fernández. Parece un hecho que el canciller acompañará a Scioli en la fórmula para la provincia y que el titular del Interior se convertiría en el primer aspirante a diputado en el distrito bonaerense.

Uno, Taiana, para reforzar la presencia kirchnerista en el binomio provincial como dócil soldado del mandatario: la preventiva reserva por si sucediese alguna dificultad en los cuatro años que le corresponden a Scioli. Como es un funcionario discreto, acostumbrado a la disciplina del Palacio San Martín, tampoco irritaría la gestión del posible gobernador (caso contrario sería, por ejemplo, si se optara por Carlos Kunkel, de segura conflictividad). También a Taiana, al parecer, lo removerían el mes próximo si se consagra su candidatura, para reemplazarlo, con el mejor estilo Kirchner y siguiendo la misma onda que en Educación, por el segundo de la Cancillería, Roberto García Moritan.

A su vez, Fernández se ha forjado en apariencia su propio destino: su empeño en discurrir, declarar, alistarse como provocador vocero político de un gobierno sin vocero, lo empuja hacia un cargo legislativo (con inmunidad, además) que en la Cámara podría resultar necesario debido a la grisácea representación actual del oficialismo. Pichón de Jaroslavsky aunque con un estilo que, hoy, ni siquiera disfruta el propio Kirchner: dicen que se ha saturado de la ironía bonaerense de Fernández. También a él ya le habrían encontrado sucesión: Héctor Icazuriaga, titular de la SIDE y asiduo comensal con su esposa en la residencia de Olivos curiosamente jefe de Francisco Larcher, «Paco», uno de los elegidos por el mandatario en los últimos años para controlar los pasos del ministro. A Larcher tampoco le vendría mal un ascenso, finalmente es quien más opera, desde la Inteligencia, para Kirchner.

Naturalmente que al mandatario no le agrada cambiar, ni de ropa (¿alguna vez sorprenderá con otro atuendo -aparte del saco azul, la camisa rosa o blanca y los mocasines de petitero-para salir del uniformado letargo de su indumentaria?) ni de hombres. Pero el avance electoral lo apremia y, cierto vértigo de los distintos comicios que empiezan en una semana, quizás no sólo lo obliguen a ciertas modificaciones. También a proceder con respeto a ciertas fórmulas institucionales, tema de transparencia tan caro a su esposa Cristina. Por ahora, en ese plano pierde uno a cero por culpa de Filmus.

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