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«Tienen que ayudarme a convencerlo a este hombre de que se tiene que dejar de hablar mal del sistema financiero, de las empresas privatizadas o no, porque la Argentina no tiene las fuerzas para ser independiente. Del otro modo vamos a ser Cuba o Venezuela», dijo Jorge Remes Lenicov a un sorprendido lote de invitados a su almuerzo (Humberto Roggero, Jorge Matzkin, Eduardo Camaño, Oscar Lamberto, Juan Carlos Maqueda, quienes escuchaban boquiabiertos pero sin desconocer lo que Remes decía.
Si esto sigue así, insistió, el país no tiene cómo sentarse para hablar con un FMI que, dijo, «está cada vez más tomado por la derecha republicana de los EE.UU. Es decir, muy crítico de la Argentina». Si alguno no estaba enterado, el ministro lo anotició.
Extrañó el tono del lamento, pues todos los presentes saben que Remes es hombre del riñón duhaldista y debería, como Camaño o Jorge Todesca (también presente en el almuerzo de ayer en Economía) contar con algún recurso para entenderse con su jefe. Acaso él, que siempre estuvo a su lado, no tiene un psicó-logo. ¿Qué podrían decir, en cambio, Roggero, Maqueda o Matzkin, que responden a proyectos contradictorios con los del imperio bonaerense?
El preámbulo del ministro les hizo entender a los invitados que el pretexto de la invitación -presupuesto, coparticipación- era sólo eso, un pretexto. «Se nos complican todos los frentes cada día, los empresarios, los bancos, los gobernadores, y este hombre que no ayuda», se derrumbó Remes. Ese hombre es, claro, Duhalde. Parecía un autor de su propio réquiem.
«Para colmo», se quejó Remes, «hay empresarios grandes y banqueros que quieren verlo al Presidente y no los recibe. El dice que prefiere manejarse con gente de la provincia de Buenos Aires y con las PyMEs». Uno de los legisladores recordó: «Cada vez que hablamos con él nos dice que nunca entendió de economía y que no va a empezar a entender ahora. Que le traigan soluciones nada más».
¿El o su entorno?, preguntó alguien que quiso amortiguar la crudeza de la queja. «Bueno, los que lo rodean, pero siempre es lo mismo, para disculpar a alguien se le echa la culpa a quienes lo rodean», admitió gentil Remes mirando a Maqueda, que viene de la Córdoba de los De la Sota. No le falta razón: se decía lo mismo de Perón como excusa.
Roggero quiso apartar la letanía pidiendo precisiones sobre el proyecto de presupuesto. ¿Es la condición del Fondo?, preguntó. «Del Fondo no se sabe qué quieren», siguió el ministro. «Están durísimos, trabajamos con la hipótesis de que nos van a ayudar si firmamos con gobernadores o sacamos el presupuesto. Pero eso es una idea nuestra porque no nos dan ninguna seguridad. Estamos casi ciegos».
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